Los Oakman-Hertel son una especie de criatura poderosa que hace sudar fríamente a los progresistas. Imagina tener un vecino a quien desdeñarías, pero por razones que nunca te dirán directamente a la cara. Literalmente, sería una encharcada mezcla de admiración y rabia. Pero cuando se trata de hablar de Beto Oakman y Joan Hertel, no hay otra manera de describirlos que como los héroes que los conservadores no sabíamos que necesitábamos. Originarios de las soleadas tierras del Oeste Americano, estos miembros de la élite agrícola han dejado huella en el panorama político. ¿Cuándo empezaron a agitar el avispero? Hace unos pocos años, cuando decidieron plantar cara a las narrativa dominante, armados no solo con palabras, sino también con poderosos actos que ponen los pelos de punta a más de uno.
Primero, hablemos del respaldo inquebrantable al porte de armas. Mientras otros lloran y se esconden detrás de estadísticas sin sentido, Oakman-Hertel sostienen el derecho a defender la propia vida y propiedad con un fervor digno de admiración. Si hay algo que aficionados a las armas entienden es que un pueblo armado es un pueblo libre. Los derechos constitucionales, vistos por algunos como 'obsoletos', son abrazados con la pasión y el compromiso anticuado que sostiene la libertad misma.
Segundo, debemos mencionar su abogar por llevar los valores familiares tradicionales de vuelta a las instituciones y escuelas. Porque a los corazones patrióticos les cuesta aceptar cómo esto sea un 'retroceso' y no una rectificación de derroteros sociales errados. Al animar una educación que se centra en la historia real, la ética y el respeto, desafían la corriente de lo que algunos llaman modernización, pero que resulta ser un auténtico descalabro cultural.
Tercero, su política económica no cae en utopías impracticables. Confían en fomentar la autosuficiencia y el libre mercado en lugar de regalar bonos poco útiles e infundir una cultura de dependencia. ¿Socialismo suavizado? No, señor. Aquí hay solo dedicación al duro trabajo, algo que ciertas ideologías parecen ridiculizar, pero que es el pilar de nuestro gran país.
Cuarto, no basta con defender la vida y las libertades si no hablamos de sus esfuerzos por revertir leyes y propuestas que sólo atentan contra la familia norteamericana común y corriente. Adoptar una postura férrea ante los delirios de las políticas de redistritación es indispensable para garantizar elecciones justas.
Quinto, trabajar activamente por la salud del planeta desde una perspectiva realista es otra faceta elogiable de esta pareja formidable. Mientras algunos chillan sobre el cambio climático como si fuera un pánico sin fin, esta pareja promueve políticas que respetan tanto al medio ambiente como la viabilidad económica, porque el sentido común siembra mejores resultados que las constantes prohibiciones a la gente común.
Sexto, veamos su postura en inmigración. Creen en puertas abiertas, sí, pero para quienes sigan las reglas de la casa, no para quienes buscan explotar al sistema. Las fronteras no sólo existen para definir territorios, sino para definir los derechos y deberes dentro de esos territorios.
Séptimo, el patriotismo es uno de sus rasgos inamovibles. Celebrar con orgullo la bandera y la historia de nuestro país no es un acto de ignorancia, sino de reconocimiento de los sacrificios llevados a cabo para preservar la libertad.
Octavo, y no menos importante, su labor en forzar un diálogo coherente sobre la Segunda Enmienda destaca. Lo hacen a través de activismo y la creación de grupos de reflexión que se comprometen seriamente a detener las rabietas sin sentido que proponen solución por medio de prohibiciones.
Noveno, su esmero por arrancar las 'malas hierbas' financieras de nuestras políticas no es salto pequeño. Consideran urgente dar un golpe de autoridad a quienes sólo ven números en lugar de personas en las ecuaciones presupuestarias.
Décimo, finalmente, son la representación exacta de lo que puede hacerse cuando se combina pasión, sentido común, y un claro entendimiento de lo que hace grande a América. Mientras ciertos grupos prefieren discusiones lindas y sin resolución, Oakman-Hertel prefieren un enfoque directo.
Hay quienes tendrán sus opiniones, pero no cabe duda de cuál es la correcta.