Cuando crees que ya nada puede sorprenderte en el mundo del entretenimiento, llega "Noddy", esa serie británica que se dispuso a narrar la vida de un pequeño muñeco de juguete viviendo situaciones alegres en un lugar llamado Toyland. Existente desde 1998 y dirigida principalmente hacia un público infantil, podrías pensar que se trata de algo inofensivo. Pero aquí estamos, en 2023, observando cómo ciertos personajes de las series, no solo de dibujos sino en todos los formatos, intentan introducir mensajes camuflados que van en contra de esos pilares que nos enseñaron nuestros abuelos.
¿Noddy es realmente lo que parece? Originalmente creada por Enid Blyton, una autora bastante conocida por su literatura dirigida a niños, esta serie de televisión se ha convertido en una favorita para los más pequeños. Bodhi, el protagonista, es un pequeño y aventurero taxi de juguete cuya única misión aparente es llevar a cabo tareas simples con sus amigos de peluche. La trama se desarrolla en Toyland, un mundo tan ideal que asusta por su perfección, donde los desafíos casi no existen y las soluciones para cada problema son inmediatas y sencillas.
No es difícil darse cuenta de que hay algo sospechoso en ese ambiente excesivamente idealizado. Desde 1998 hasta 2004, durante la emisión de la serie original, los niños fueron, sin saberlo, envueltos en un mundo de fantasía controlado. Con sus características simples y aparentemente inocentes, Noddy demuestra una carencia absoluta de lo que se necesita para vivir en el mundo real: responsabilidad, esfuerzo y aceptación de las consecuencias de los actos. El juego pudo haberse convertido en una herramienta útil para enseñar la importancia del trabajo duro y la moralidad sólida, pero terminó siendo otra perspectiva ñoña y desubicada.
Nos encontramos con una serie que, aparentemente, enseña a los más jóvenes a conformarse con la mediocridad del "todo sale bien al final", porque vivamos en Toyland o no, ya vendrá alguien a resolver nuestros problemas. Enseñar a los niños que los conflictos se resuelven por sí mismos no es exactamente lo que un padre conservador desearía inculcar. Por el contrario, una buena historia debe mostrar el significado del sacrificio y el esfuerzo personal, valores que tanto nuestra cultura, como la laboral, desean en sus ciudadanos.
No se trata solo de Noddy y sus aventuras insulsas; se trata de la competencia inexistente que reina en su mundo. Si lee entre líneas, el programa podría enviar el mensaje de que todo se puede conseguir sin trabajo, un truco bastante ineficaz a la hora de aparecer en una entrevista laboral o en cualquier ámbito de la vida real. Mientras tanto, este tipo de libros y series infantiles se alimentan de este aire pasivo indescriptible.
Del otro lado de esta moneda retorcidamente encantadora, hay una cierta resistencia a ilustrar la realidad tal como es. Es como si los creadores pensaran que mostrar desafíos reales y tareas complejas agobiará a los niños. Sin embargo, una buena historia, incluso animada, debería poner a prueba esos mismos valores que hacen de un personaje, un ser completo.
Claro está, en Toyland, nadie confronta la política; las frustraciones del mundo real están también ausentes. Aquí hay espacio para una simple lección: el mundo no es perfecto, y jamás lo será. Ya lo saben quienes estuvieron aquí antes que nosotros. Narrar historias infantiles sedosas e indoloras no es una garantía de construcción de un carácter robusto. Tal vez por eso, a muchos adultos hoy en día se les hace cuesta arriba enfrentarse a retos reales, después de haber crecido tragando este tipo de formatos.
Así, con episodios de alrededor de diez minutos, la serie "Noddy" no envía más que a un pequeño héroe sin causa. En vez de enseñarle a un niño cómo afrontar y superar problemas, los envuelve en lo que pueden fácilmente llamarse distracciones infantiles. Porque al final del día, Toyland no es más que un ficticio oasis, y cuando el reloj marca las ocho, todo vuelve a la normalidad. La vida continua. La desaparición de dicha serie en 2004 da señales de que el cambio ya empezaba a ser notorio, y ahí es donde podríamos decidir que es momento de exigir historias complejas e historias reales.
Puede que algunos piensen que simplemente estoy hurgando en el pozo de la histeria política, pero una serie aparentemente banal como "Noddy" tiene el potencial de modelar toda una generación sedienta de historias que reflejen la verdadera construcción de carácter; lo que es necesario para convertirse en adultos responsables y funcionales. Ayer Toyland, hoy una clase de optimismo excesivo. Está claro, hemos pasado años con una sobremesa preocupante de surrealismo inofensivo. Cuando los personajes no enfrentan desafíos honestos ni buscan soluciones reales, lo único que queda es un consumo innecesario de historias sin sustancia. Ya es tiempo de cambiar el chip.