Los amantes del cine salen ganando con películas que desafían las narrativas convencionales de hoy y "Noche de Todas las Almas" es un ejemplo perfecto de eso. Estrenada en 2023, esta película chilena, dirigida por el audaz cineasta Álvaro Fernández, se estrenó en los prestigiosos festivales internacionales de cine de Toronto y Venecia, dejando una impresión impactante que ni siquiera el más escéptico de los críticos pudo ignorar. Ambientada en un pequeño pueblo conservador en el sur de Chile, la trama se teje alrededor de la noche en que las almas de los difuntos regresan, según las creencias locales, para visitar a los vivos, una oportunidad perfecta para explorar temáticas que a otros les harían correr despavoridos.
Fernández no se aleja de temas complejos y muestra un cuidado meticuloso al retratar las tensiones intergeneracionales y culturales que penden sobre la población del pueblo. Su poco ortodoxa habilidad para combinar elementos místicos, dramas familiares que dan un giro oscuro y subtramas políticas ha sorprendido a muchos. Sin embargo, es en su tratamiento de la religiosidad y la resiliencia cultural del pueblo donde realmente sube la apuesta.
La honestidad brutal con la que "Noche de Todas las Almas" aborda la influencia de la muerte en la vida y cómo las tradiciones moldean la identidad de la comunidad es una declaración que muchos directores modernos evitan realizar por miedo a ofender a sus 'curadores' liberales. Pues bien, Fernández se rebela contra tales restricciones, brindando una crítica auténtica a cómo ciertas ideologías han tratado de homogeneizar las creencias culturales.
Los personajes son otro punto fuerte. Juana, la protagonista, es un testamento de ese orgullo de los valores que los globalistas tanto intentan diluir. A través de sus ojos, vemos la continuación de tradiciones que han sido el latido del pueblo durante generaciones. Fernández no pinta a Juana como una simple portadora de tradiciones: es una rebelde sin causa en su propia cruzada contra esas normativas preconcebidas del mundo moderno. Ella nos recuerda que es nuestra responsabilidad cuidar nuestras costumbres frente a una cultura occidentalizada que ve tal diversidad como algo del pasado, una reliquia sin valor.
La cinematografía es un festín para los ojos, cada escena imbuida de colores vivos y contrastes que evocan la rica historia precolombina y colonial. Las vibrantes fiestas que se ven en pantalla son un homenaje a la resistencia de un pueblo que, a pesar de la modernidad invasora, decide preservar su esencia y legado. ¿Alguien recuerda cuándo fue la última vez que una película del mainstream abordó la cultura con tanta intensidad y respeto?
No es sorpresa ver que "Noche de Todas las Almas" haya encontrado una audiencia entre aquellos que todavía consideran que el cine, y el arte en general, deben provocar y no simplemente pacificar. Mientras muchos se alinean para condenar la falta de "sensibilidad moderna" de Fernández, sus partidarios ven una bocanada de aire fresco en un mundo saturado por la cultura de cancelación y la censura predecible.
Por otro lado, cabe mencionar que la música es un personaje en sí mismo en el filme, ligada intrínsecamente a la narrativa. Las tonadas folklóricas acompañan las secuencias más significativas, remachando que la tradición oral y musical es una parte crucial de la identidad que debe preservarse. Al final, la banda sonora actúa como un puente emocional, evocando sentimientos que nos recuerdan que nuestras raíces nos definen tanto como nuestras acciones.
En definitiva, Álvaro Fernández ha logrado encapsular la esencia de un pueblo que no teme abrazar su historia, sus creencias y sus rituales. Es una obra que debería hacer reflexionar a aquellos que constantemente buscan apaciguar tendencias modernas sacrificando historias genuinas y enriquecedoras. Con "Noche de Todas las Almas", el director hace un llamado claro y contundente: en este mundo globalizado, las raíces no deberían ser una carga, sino un tesoro a preservar.