¿Sabías que una simple canción pop podría ser el desencadenante de una discusión societaria? 'No Soy Yo' es una de esas herramientas que usan algunos para embriagar el oído y el espíritu. El tema vio la luz en 2017, un producto de México, creado por el famoso dúo Jesse & Joy junto al reggaetonero español Alejandro Sanz. La canción, con sus letras pegajosas y melodía intensa, se posicionó rápidamente en el gusto del público. Pero, ¿por qué hemos permitido que se convierta en algo más que un simple hit musical?
Primero, el título mismo — 'No Soy Yo' — parece ser una declaración de negación total, casi como si estuvieran lavándose las manos de toda responsabilidad. Si bien las relaciones amorosas son complicadas, una actitud de 'no soy yo' es simplemente una excusa. Los conservadores creen en la responsabilidad personal; asumimos la responsabilidad de nuestros actos. La canción, por supuesto, no habla de política, pero los detractores del compromiso bien podrían adoptarla como su himno involuntario.
La sociedad moderna adora cantar este tipo de propuestas anárquicas. Que cada cual haga lo que quiera y que después haya una canción que justifique el desorden. La música debería fomentar otro tipo de valores. Claro, no se trata de convertir cada canción en un himno nacionalista o conservador, pero, ¿por qué seguir promoviendo frases en las que nadie es responsable de nada? 'No Soy Yo' podría ser la banda sonora del caos y la irresponsabilidad. Irónico, ¿no?
Por supuesto, hay quienes se alinean con la idea de que la música no trasciende al acto en sí mismo, y que un ritmo pegajoso es solo eso. Sin embargo, cuando escuchamos temas como este, los perceptibles mensajes de autoindulgencia se filtran sin querer en nuestra percepción de lo que está bien o mal. Están logrando normalizar una serie de actitudes que erosionan los valores básicos que formaron nuestras sociedades. Habría menos caos si en lugar de repetir mensajes estridentes, optáramos por letras que inspiraran algo más grandioso, como el compromiso y la responsabilidad.
Otro aspecto es el propio estilo de la canción. Muchas veces se me tacha de ser tradicionalista, pero un poquito de reggaetón mezclado con baladas pop no es precisamente lo que llamaría música que perdure. Sanz es un monstruo de la balada, y Jesse & Joy son un dúo exitoso de pop, pero juntos han creado un extraño híbrido cuyo único mérito es ser efímero. ¿No es acaso una pérdida de tiempo volcar nuestras emociones en una canción que, tarde o temprano, será reemplazada por otra moda desechable?
Aquellos de nosotros que valoramos la tradición y las relaciones sólidas también tenemos canciones que podrían hacernos marchar al compás de valores más rectos. No tenemos que tragarnos las píldoras de distracción que temas como 'No Soy Yo' nos quieren vender. Somos conscientes de que una cultura sin raíces es una cultura que pronto desaparecerá, y promover esta canción como parte del canon cultural es una forma de acercarnos a esa realidad.
No es un ataque personal a los creadores de la canción, pero no podemos evitar tener escepticismo hacia lo que representan. 'No Soy Yo' no es sólo una colección de acordes y frases; es un manifiesto del egocentrismo actual. Mientras algunos intentan liberar el amor de las cadenas del compromiso con canciones así, otros luchamos por mantener vínculos que realmente significan algo. Puede ser que esto suene conservador, pero es vital tener música que refleje un mensaje positivo.
Es fácil dejarse llevar por la corriente, por la moda, y asumir que este tipo de música solo es 'entretenimiento'. Pero a largo plazo, la insistencia en eximirnos de culpabilidad nos deja en una espiral decadente. El problema nunca es la música en sí, sino quien elige consumirla sin un filtro crítico. En últimas, apostemos por un retorno a lo esencial, donde el arte sea un elemento unificador en vez de un simple eco de la negación.