¿Sabías que a algunos les molesta una de las raíces musicales más auténticas de Estados Unidos? Hablamos del blues y su inseparable historia con el pueblo negro de Norteamérica, una unión que ha dado lugar a una de las expresiones artísticas más genuinas que ha visto la humanidad. Pero parece que no todos lo ven así. El blues nació en el sur de Estados Unidos a finales del siglo XIX, una época y un lugar donde el sufrimiento y la creatividad se fusionaban en los campos de algodón. Cantadores y músicos, aprovechando cada ocasión posible, desde las esquinas hasta los patios traseros, consiguieron transmitir una rica y a veces dolorosa narrativa, en la que la lucha y la esperanza se unían en versos y acordes inolvidables. Este contexto particular en el que nació el blues es lo que muchos prefieren dejar en segundo plano hoy en día.
Aquí te van una serie de verdades incómodas que no encontrarás en los libros de historia que la corriente moderna te ofrece. Primero, el blues es a menudo desestimado porque su crudo contenido revela una realidad que se quiere ignorar. Es un testimonio histórico crudo e implacable. Las voces como las de B.B. King o Robert Johnson no se preocupaban por ser políticamente correctas. No suenan bonitas, pero ¡vaya que suenan reales! En este género no hay lugar para promesas vacías; todo es directo y real, como un espejo que refleja un mundo lleno de dolor y belleza a partes iguales. ¡Qué ironía que hoy quienes presumen de tolerantes prefieran el silencio a aceptar esta realidad!
Segundo, el blues no comenzó en salas de conciertos lujosos. No fue acogido por las élites. El blues fue y sigue siendo el sonido de la gente común, del hombre de la calle, que expresa sin censura lo que le duele o lo que anhela. Así que no esperes encontrar a rockstars de esta música en las lujosas mesas redondas donde los discursos de una falsa igualdad abundan. ¡No señor! Ahí no cuadra nuestro viejo amigo el blues. Más bien, el blues floreció en los bares, en las esquinas polvorientas de ciudades como Memphis o Nueva Orleans. Esto irrita a aquellos que desean controlar el mensaje. No se puede domesticar lo genuino. Es un recuerdo constante de que hay una verdad más allá del escaparate impuesto por las modas o el marketing.
Hablemos ahora de cómo el blues desafía las normas modernas. Siempre ha sido un catalizador para otros géneros como el rock and roll. Así es, ese mismo rock que enloqueció generaciones y que fue tratado con escepticismo y desaprobación por quienes ansiaban conservar el status quo. Gracias al blues, hemos tenido a Elvis, a Eric Clapton y a tantos otros. Cada acorde, cada nota de guitarra eléctrica, lleva consigo una herencia musical que se intentó censurar, pero que ardió aún más fuerte. No te dejes engañar, cada vez que escuchas un riff de guitarra desgarrador, el alma del blues resuena, aunque algunos prefieran negarlo.
Además, está el detalle de lo que el blues significa para la narrativa comunitaria. No se trata solo de una música afroamericana; es una voz estadounidense genuina que representa a todos aquellos que alguna vez han sentido que sus voces han sido apagadas, sin importar el color. A menudo se dice que uno debe recordar el pasado para no repetirlo. El blues actúa como ese recordatorio constante del esfuerzo, las lágrimas y las risas que son parte de la travesía humana. Sin embargo, en su afán de limpieza, ciertos grupos prefieren alejar el contenido del blues de las discusiones populares. Tener frente a frente el espejo de la historia no es algo que todos estén listos para abrazar.
Finalmente, no olvidemos que el blues es una celebración de la vida en todas sus formas. Cuando Lemon Jefferson cantaba sobre sus tristezas, lograba generar una conexión genuina con quienes lo escuchaban. Permitía que otros sintieran que no estaban solos en sus luchas. Trayendo una sensación de comunidad y compartiendo un mismo dolor. Y es ahí donde radica una de las grandes ironías del blues: donde hay sufrimiento se halla belleza.
Este artículo te invita a reconsiderar tu percepción del blues y lo que realmente representa. No es solo una vieja música de tiempos pasados; es un canto eterno a la verdad y la libertad. Y tal vez eso es precisamente lo que incomoda a algunos. Pero mientras haya quien lo escuche o toque, el blues seguirá encontrando cobijo en cualquier parte donde haya oídos dispuestos a escuchar.