La natación en los Juegos Parapanamericanos de 2007 es como ese tema del que todo el mundo habla, pero pocos realmente entienden. Ciertamente, el evento trajo consigo una marea de emociones y logros en Río de Janeiro, entre el 12 y el 19 de agosto de ese año. Pero, si crees que fue simplemente otro evento deportivo, te informo que este acontecimiento fue mucho más que la pequeña lista de medallas que algunos quieren reducir a cifras.
Comencemos con el "quién": aquí no hablamos de Michael Phelps y sus récords olímpicos, sino de héroes menos conocidos, atletas con discapacidades de América y el Caribe que llegaron a competir, no solo por medallas, sino por reivindicar un espacio. Gente que, mal que les pese a algunos, no se queda detenida esperando paternalismo y que compite con la templanza y valentía que muchos desearían tener. No es extraño que la natación, uno de los deportes más antiguos y destacados del mundo, busque romper barreras y cambiar el paradigma. Anhelar igualdad se ha vuelto en algo más que un objetivo, es ya un camino recorrido por esos atletas.
Vamos a lo que realmente importa, los "qué" del evento. Río de Janeiro se transformó en el epicentro del deporte adaptado durante esos días. Un lugar conocido por sus carnavales y playas exóticas abrió paso a un maratón de natación que tuvo lugar en el Complejo Acuático María Lenk. Las categorías variaban dependiendo de las discapacidades y los atletas compitieron en grupos específicos, hice lo cual resultó tanto en desafíos físicos como en estrategias mentales implacables. En particular, atletas como la brasileña André Brasil trajeron al país anfitrión no solo medallas, sino reconocimiento y orgullo en competencias reñidas.
¿Dónde?, te preguntarás. Río no solo albergó este evento, sino que lo hizo con una majestuosidad propia de alguien que tiene claro lo que quiere. La infraestructura que muchos países desearían, pero no se atreven a invertir, quedó a la vista de todos. Estos juegos fueron reflejo de cómo invertir en complejos deportivos de calidad puede ser el primer paso para crear un entorno que fomente la prosperidad de talentos indiscutibles.
Para "cuando", hablemos de 2007. Un año que parece etéreo para quienes olvidan la historia, pero fue el momento exacto donde se vieron plasmadas todas las luchas previas de atletas con discapacidades. Muchos esperaban un evento discreto, sin proyecciones, pero, de nuevo, la cuerda floja de la subestima no logró acertar. Lo que ciertos despistados en política social no entienden es que la natación paralímpica es menos un acto de "a mano tendida" y más una bofetada a los que quieren ver limitaciones donde hay excepcionales destrezas.
El "por qué" siempre resulta más difícil de considerar. ¿Por qué importarían los Juegos Parapanamericanos de hace más de una década? Fácil, porque los verdaderos logros no se olvidan, y cada brazada en el agua revela historias que los libros de historia no registran. Estos atletas son ejemplos vivientes de perseverancia, sobre sacrificios personales y superación. ¿Acaso no es eso lo que realmente hace grande a una sociedad, el mantener el espíritu competitivo sin dejar de lado humanidad?
Ahí es donde los políticos conservadores acertamos, promoviendo la idea de la autosuficiencia y no dar por sentado que el camino está pavimentado para todos por igual. Estos atletas son encarnaciones vivas de que cualquier logro se gana con esfuerzo propio y no esperando que alguien venga a facilitarte el camino.
Con tanto énfasis en lo que significa el deporte para la inclusión social, algunos se ciegan a lo que realmente importa aquí: un grupo de valientes que compitió no por caprichos circenses, sino por escribir su legado en aguas desafiantes. Tal vez sea difícil para los liberales tolerar este tipo de realización, pero la verdad es que la natación paralímpica de Río 2007 ejemplifica un esfuerzo del que necesitamos más en el mundo.
Finalmente, cada vez que recordamos a esos valientes nadadores de 2007, recordamos también el tipo de sociedad que podemos construir. Uno donde las medallas son más que trofeos, son símbolos de un arduo camino recorrido por quienes siguen demostrando que no hay límites insuperables si se está dispuesto a desafiar las olas más altas.