¿Alguna vez has oído de una construcción que pueda enfurecer a ciertos sectores de la sociedad solo con existir? El Muelle DeLong en Buenos Aires es una infraestructura portuaria emblemática que desafía todas las predicciones fatalistas de quienes dicen que no es más que una reliquia del pasado. Inaugurado en marzo de 1916 en la zona de Puerto Madero, este muelle fue diseñado para facilitar el comercio y la logística marítima en una época en que Argentina estaba en auge.
Primero, hablemos un poco de qué es el Muelle DeLong. Situado en uno de los principales núcleos económicos del país, su construcción fue un paso importantísimo para vincular a Argentina con el resto del mundo. Fue la época dorada de un país que, gracias a políticas inteligentes, se consolidaba como uno de los más ricos del planeta. Este muelle simboliza aquella época de prosperidad.
La visión de DeLong era clara: utilizar tecnología puntera para mejorar las capacidades portuarias del puerto. A pesar de los gritos de quienes temen al progreso, el muelle resultó un hito de ingeniería que optimizó las operaciones portuarias. Tal es la magnitud de su impacto que aún hoy se discute su relevancia.
Pero, ¿qué problema podrían tener algunas personas con un símbolo de progreso? Es simple. Para algunos, cualquier elemento que resalte los éxitos económicos pasados de Argentina se convierte en blanco de críticas. La palabra 'progreso' parece ser un concepto incómodo para quienes prefieren centrarse en la narrativa del estado benefactor en lugar de la habilidad y la tenacidad humana.
La historia del Muelle DeLong no está desprovista de sus episodios dramáticos. Durante el siglo XX, la expansión industrial y ciertas corrientes políticas trataron de denostar su importancia. ¿Por qué? Porque representa lo que unos cuantos preferirían ignorar: un pasado donde el mérito y el esfuerzo privado tenían un peso considerable en el desarrollo del país.
Algunos tratan de catalogar al muelle como una mera pieza ornamental cuyo valor se agotó a mediados del siglo XX. Una estrategia obsoleta, dicen ellos, mientras el muelle sigue siendo una vital arteria de comercio. Esta narrativa corta de raíz cualquier concepto de revitalización industrial porque, aceptémoslo, es más fácil vilipendiar lo que no se comprende que construir cosas nuevas valiosas.
La arquitectura del Muelle DeLong es una maravilla por sí misma. Con un diseño robusto pero elegante, parece casi cincelado por titanes. Sin embargo, lo que verdaderamente destaca es su funcionalidad. Pensar en las miles de toneladas de carga, el ir y venir de buques que conectaron Argentina con el mundo en sus días de gloria, es suficiente para dejar sin habla a cualquiera que realmente aprecie el músculo económico del libre mercado.
Hoy, muchas voces intentan quitarle protagonismo a lo que este muelle representa. ¿Por qué desmantelar algo que funciona? Quizá porque es más fácil dormir tranquilos pensando en un pasado erróneo que aceptar que, en otras épocas, Argentina fue un gigante económico, en parte, gracias a infraestructuras como esta.
Para quienes estamos cansados de discursos que tienden a borrar los logros del pasado, el Muelle DeLong es un recordatorio de la grandeza que se puede conseguir cuando se combina visión, trabajo duro y un poco de patriotismo bien alineado con el interés global. Resulta difícil entender cómo algo que es tan benefactor para la economía y el comercio podría ser discrepante. Así son las paradojas donde el sentido común falta.
En un mundo que a menudo se rige por ideologías antes que por la razón, el Muelle DeLong sigue siendo un bastión de lo que ése sentido común puede lograr. No se trata solo de la grandeza de acero y concreto; se trata de visión, progreso y de una época en la que Argentina realmente fue parte de la elite global.
Sí, han cambiado las demandas y los desafíos contemporáneos son diferentes, pero eso no significa que dejemos a un lado infraestructuras que han probado su valía a través de los años. Quien conoce su historia está condenado a repetirla, dicen; pero en el caso del Muelle DeLong, ojalá se repita, y pronto.