¿Alguna vez has visto a un glaciar moverse? Si no, quizá deberías hacer un viaje a los lugares más remotos del planeta, donde estos gigantes helados nos muestran uno de los espectáculos más impresionantes y olvidados de la Tierra. Debido al cambio de estaciones y al calentamiento global natural, esos colosos de hielo se mueven lenta pero constantemente, transformando paisajes enteros de formas que ni los políticos en un congreso pueden siquiera imaginar.
El movimiento glaciar es un fenómeno que es tan viejo como la Tierra misma. Este proceso ocurre en los lugares fríos del mundo, como la Antártida, Groenlandia, y algunos picos altos en cadenas montañosas como los Andes o el Himalaya. El glaciar se desplaza debido a su propio peso, mientras su base de hielo se derrite muy lentamente y permite el deslizamiento sobre el terreno que lo soporta. Esta impresionante acción no se da de la noche a la mañana, son siglos o milenios de movimiento.
Uno podría pensar: "¡Ah, esto es inofensivo!" Sin embargo, el impacto del movimiento glaciar es colosal. No solo moldea montañas y valles, también afecta la vida en nuestro planeta. Al movilizar grandes cantidades de hielo, los glaciares afectan patrones climáticos, niveles del mar y hasta acuíferos subterráneos. Estos movimientos son parte del ciclo natural del mundo, algo que algunos idealistas se niegan a entender al proponer soluciones simplistas para problemas extremadamente complejos.
De hecho, si queremos hablar de ciclos naturales, no hay que ignorar cómo estos cambios glaciares forman parte de un balance que ha existido por millones de años. Los glaciares son, en realidad, testigos de la historia, llevando consigo elementos de época tras época. Las burbujas de aire atrapadas en el hielo son registros de lo que nuestras atmósferas eran hace miles de años. ¡Sí, ladronzuelos de CO2 de otros siglos! Este fenómeno es algo que debería ser una fuente de admiración y estudio, no de miedo y desinformación.
Sin embargo, vivamos en un mundo donde es políticamente beneficioso alardear de desgracias y apocalipsis. Ante todo este griterío, es importante entender que los glaciares que se mueven no son nada nuevas. Ni ahora, ni hace cien, ni hace mil años. Deja que te cuente que esto ya pasó antes, y seamos honestos, superamos esas eras con mucho menos tecnología disponible. Fue entonces sin cumbres mundiales ni comités de emergencia.
Luego están los dramas sobre el alza del nivel del mar. Nos dicen que dejaremos de tener playas, pero lo cierto es que este nivel ha fluctuado, ¡siempre! Cuando se elevó en el pasado, a la gente no le importaba porque estaban más ocupados cazando y sobreviviendo que jugando a ser predicadores de lo inevitable. Aún hoy, la tierra se adapta, como siempre lo ha hecho. Vive en un proceso constante de cambio donde el movimiento glaciar tiene su papel protagónico.
Los glaciares, esos “gigantes gentiles” que tanto nos asombran son parte del ciclo de vida natural. Vivimos tiempos donde se prefiere hablar de lo malo sin entrar en el contexto real de las cosas. Nadie dice que detengamos el movimiento de los glaciares, ¿verdad? Con cada movimiento hacia adelante, tallan y forman nuestro planeta a su voluntad. Y aunque parezca que las montañas retroceden, es solo un debido tributo al gran espectáculo ofrecido por el mundo natural.
Los movimientos de los glaciares son, en realidad, dueños de su destino. Aquí, hoy, mañana o cuando sea, seguirán adelante. Mientras los liberales proclaman sobre el calentamiento que estropeará nuestras vidas, los glaciares seguirán moviéndose con o sin permiso. En estas circunstancias, uno debe tener un respeto genuino por la fuerza implacable natural que es inalterable a nuestras nociones humanas de poder y política.
Así que, la próxima vez que veas un glaciar, en lugar de preocuparte más de la cuenta por lo que no entiendes... admíralo. Miles de toneladas de hielo moviéndose, esculpiendo tierras y desafiando tradiciones. Lo que pase allí dentro, es meramente el ciclo del planeta: lo que es natural e inevitable. Lo único que debemos «los pensantes» hacer es no perder el norte y recordar cuál es nuestro verdadero lugar en esta larga marcha evolucionaria.