Imagínate una ciudad organizada como una cebolla. Eso es básicamente el modelo de zona concéntrica. Este modelo urbano fue propuesto por el sociólogo E.W. Burgess en 1925 para describir el crecimiento de Chicago y cómo una ciudad se extiende en capas concéntricas desde un núcleo central, como si fuera una cebolla urbana gigante. Pero, ¿qué pasa si te digo que detrás de estas capas hay más que una simple teoría de urbanismo? El quién es simple: E.W. Burgess, un sociólogo estadounidense que observó el crecimiento urbano en el siglo pasado. El qué es el modelo de zona concéntrica, un concepto que aunque partiera de un análisis académico, hoy se utiliza para entender cómo nacen y crecen las ciudades. ¿Cuándo? En 1925, un año lleno de revoluciones culturales que parece un lejano suspiro. ¿Dónde? Se planteó en Chicago, ciudad emblema para los teóricos urbanos de su tiempo. ¿Y el por qué? Porque había que entender cómo se movía el caos de una metrópoli en expansión.
Y ahora, vamos con esa lista que desmantela mitos:
El centro como núcleo indisputable: En este esquema, el centro de la ciudad es el corazón palpitante, no sólo en términos de comercio, sino de poder. Este núcleo supuestamente concentra el desarrollo económico, cultural y hasta político. Parece un sueño, pero hay quien se molesta con la idea de que el poder esté centralizado. Al fin y al cabo, todos sabemos muy bien que donde hay poder, alguien más queda bajo la sombra.
Las capas de desarrollo residencial: Tan claro como el agua: a medida que salimos del centro, la calidad de la vida se diversifica. Barrios residenciales bien ubicados y organizados, frente a los suburbios que parecen estar destinados a aquellos que "no encajan" en el centro. Eso sí, siempre con la promesa de teletransportarte al corazón de la ciudad en minutos, gracias a redes de transporte eficientes que no siempre existen.
Relocalización socioeconómica: Los estratos sociales están clavados con clavos de oro en este modelo. Cada anillo representa un cambio en el nivel de ingresos. El idealismo de este diseño es increíble. Imaginen la ropa que usan aquellos que tienen que salir a las afueras sólo para cruzar la línea imaginaria que dicta su lugar en el engranaje social.
Impacto en la infraestructura: Las ciudades, bajo este modelo, asumen la identidad de organismos donde cada parte beneficia al todo. Desdibujamos las distinciones entre mal y bien, y solo queda un consistir urbano. Esta simplicidad inflexible puede hacer que se pierdan perspectivas más críticas y analíticas sobre lo que realmente necesita una ciudad.
Invasión y sucesión: Burgess se basó en Zaida Ben-Yusuf para este principio, donde las áreas invaden otras áreas y las suceden en un ciclo eterno. El modelo ofrece una imagen de flujo constante, pero ¿esto realmente ayuda a las personas o solo alimenta una máquina urbana sin rostro?
El anillo de transporte público: Un sueño para quien crea ciegamente en el bondadoso transporte público. En teoría, mover a todos de manera eficiente desde el anillo exterior al núcleo urbano. Pero en la práctica, esta visión utópica se encuentra con calles abarrotadas y esperas eternas en paradas de autobús.
Espacios verdes neutralizados: Hablar del modelo de zona concéntrica y no tocar el tema del ecologismo supone ignorar el elefante en la habitación. Algunos prefieren ver cómo se multiplican las capas urbanas antes que sostener media manzana de verde en el centro.
Exclusión social mediante el espacio: Lo que aparece como una línea se convierte en un muro invisible. Un cerco que, aunque no sea de metal y alambres, tiene la capacidad de definir el acceso que un grupo tiene al centro. En el paradigma liberal todo debe compartirse, pero nos olvidamos que algunos sacrificios son necesarios.
Cohesión cultural como mito modernista: El modelo subraya una visión homogénea e idealizada de la ciudad, donde lo que importa es seguir el ritmo uniformemente, sin espacio para las desaceleraciones culturales propias de cualquier identidad que no se acople al bullicio central.
El mito de la perfección: Se nos vende como el método casi perfecto para la expansión urbana, donde las desigualdades se nivelan y todos llegamos a un mismo punto de partida... hasta la siguiente estación de autobús. Mientras soñamos con una máquina urbana perfectamente engrasada, la realidad despierta con necesidades, inconformidades y deseos ocultos.
El modelo de zona concéntrica puede ser presentado como un cuento perfecto para quienes quieran creer en la igualdad del espacio urbano. Pero en el papel y las conferencias puede una teoría sonar maravillosa sin una crítica real sobre sus límites. Recordemos que para resolver algo necesitamos ver los límites, y en el caso de una torta urbana, siempre habrá alguien más interesado en la porción más grande.