Si alguna vez te has preguntado cómo es vivir en el sur de los Estados Unidos mientras combinas el blues con la lucha personal, "Memphis" es la respuesta, pero cuidado, puede no ser el resultado que esperabas. Estrenada en 2013 y dirigida por Tim Sutton, la película nos traslada a las calles de Memphis, Tennessee, de la mano del cantante Willis Earl Beal. En este extraño y pausado viaje cinematográfico, seguimos a un músico que, irónicamente, parece huir del éxito y evitar su propio talento. Las películas, a menudo, intentan captar la lucha interna del artista, pero "Memphis" lo lleva a otro nivel, lejos de la narrativa convencional—a una experiencia casi sensorial.
No esperes grandes escenas ni diálogos espectaculares. Esta película tiene un enfoque claramente experimental y meditativo, que algunos podrían definir como artístico, pero otros simplemente verían como una pérdida del preciado tiempo. Es un recuento visual que se sumerge en lo lírico, en los murmullos y los paisajes. Si te seduce la idea de contemplar la vida en su inmundicia y melancolía, esta cinta seguramente será de tu agrado. Sin embargo, si te gusta la estructura clásica de Hollywood, piénsalo dos veces antes de verla.
El gran protagonista, Willis Earl Beal, aporta autenticidad a su personaje. Tal autenticidad viene con un costo: un ritmo carente de la energía que muchos esperan. En lugar de perseguir un sueño, Beal camina por la vida como si estuviera atrapado en un loop interminable. Esta representación minimalista parece ignorar las fortalezas de la narrativa visual que el cine suele proporcionar.
Sorprendentemente, no hay mucho que se pueda decir sobre el desarrollo de personajes o la trama, simplemente porque estos son casi inexistentes. Se trata más de una serie de momentos contemplativos que pueden parecer evocadores o tediosos, dependiendo de quién lo mire. Sin embargo, la cara de Memphis, la ciudad, es protagonista: sus calles, sus bares, y su cultura forman el telón de fondo constante que puede resonar con algunos espectadores.
En este mundo hiperactivo, Tim Sutton parece desafiar la paciencia del espectador común al optar por una narrativa que podría decirse que roza lo absurdo por lo monótono. Es una obra que, sin duda, desafía las convenciones cinematográficas al evitar una narrativa clara y sólida. Es el tipo de cine que se enmarca en el “yo soy artístico, y ustedes no lo entenderían”. Aunque es valorable por intentar innovar, corre el riesgo de convertirse en un producto de nicho que sólo gusta a un selecto grupo.
Quememos el mito sobre el arte por el arte. "Memphis" intenta capturar la tristeza y el amor por la música, pero olvidando que los espectadores también anhelan un drama cohesivo que los mantenga atrapados. Esta obra podría ser un terrorismo visual para quienes disfrutan de historias con acción y propósito. Pero no dejes que eso te engañe; incluso las escenas más lentas poseen una cierta poesía visual que, para la audiencia más comprensiva, puede parecer como una hermosa melodía escondida en un ruido constante.
Por último, un apunte necesario: salvo que disfrutes pensando que el minimalismo extremo es el pico de la realización artística, "Memphis" no cumplirá con tus expectativas de cine popular. Porque, ya ves, hay una intención casi provocadora en renunciar a cualquier atracción que pueda llamar al gran público. Una obra como esta pone a prueba la tolerancia de una audiencia acostumbrada a historias bien definidas y resueltas. Quizás esa es su virtud oculta, si es que la tiene: desafiar y, quizás para algunos—congraciarse en su aparente caos con propósito.