Quien hubiera pensado que una película llamada "Mary, Mary" podría causar tanto revuelo, y no precisamente por la trama romántica que trae. Dirigida por Maceo Montoya y lanzada un frío día de enero de 2023, este filme vino no solo a entretener sino a provocar, desde su estreno en pequeñas salas de cine en Los Ángeles hasta lugares como Nueva York. La premisa es aparentemente sencilla: una joven, Mary, llega a una pequeña comunidad buscando redimirse de su pasado, pero la película no se detiene ahí. Se adentra en temas profundos sobre moralidad, tradiciones y modernidad. A primera vista, parece una más del montón, pero su impacto va mucho más allá.
¿Y qué hace a "Mary, Mary" tan especial en este mar de películas mediocres? Para empezar, tiene la audacia de enfrentar ciertas sensibilidades actuales. Gracias a un guión inteligente y provocador, se evidencia un cuestionamiento a la tan moderna y a menudo idealizada noción del ‘despertar’. Su protagonista no se embarca en un viaje de autodescubrimiento en busca de una nueva y autoimpuesta realidad, sino que retorna a conceptos de vida más clásicos y tradicionales. En tiempos donde el cambio constante es alabado ciegamente, Mary desafía al espectador a pensar dos veces antes de dejar a un lado las viejas formas.
La actuación de su protagonista, interpretada por la brillante Emma Thompson, es otro factor que no se puede dejar de lado. Thompson, quién trae vida al personaje con una profundidad y ternura únicas, parece conectar desde el principio con una audiencia ávida de verdades menos maquilladas. Su personaje muestra un crecimiento auténtico, no el típico cambio superficial que defiende una parte de Hollywood. Esta consistencia en su evolución encaja perfectamente con el tema subyacente de la película: la búsqueda de la esencia perdida.
La locación juega un rol crucial, pues se desarrolla en un enclave pintoresco que parece congelado en el tiempo. Contribuye a la atmósfera general de la cinta, remitiendo a una era donde las cosas se hacían de manera diferente - es decir, quizá mejor. En un escenario donde muchos podrían ver restricciones, la narrativa resalta el valor de una vida donde las normas buscan el bien común, lo que para varios es un recordatorio de que vivir bajo parámetros no es necesariamente negativo.
Un aspecto interesante de "Mary, Mary" es cómo responde a las más recientes corrientes políticas y sociales, pero no como las películas usualmente lo hacen. No se arrodilla ante las modas del momento. Más bien, enfrenta cara a cara temas de justicia, identidad y propósito desde una perspectiva franca y directa. Con valentía, desafía nociones liberales modernas acerca de qué es libertad y realización personal, sin andar con rodeos. Esto le otorga un carácter desafiante que ha dejado a muchos críticos modernos sin palabras.
La fotografía, a cargo de un equipo que claramente entiende y aprecia el arte de contar historias visualmente, es impecable. Han logrado proyectar no solo belleza, sino un sentido de pertenencia, como si los personajes estuvieran realmente viviendo la libertad a través de elecciones tradicionales y no a pesar de ellas. Cada cuadro es un recordatorio hábilmente orquestado de cómo lo clásico y tradicional aún tienen relevancia en un mundo que a menudo olvida sus propias raíces.
Algunos se reirán y descartarán "Mary, Mary" como una película de época que no entiende los tiempos modernos. A ellos, la mejor respuesta es el fuerte aplauso sostenido de quienes supieron valorarla: aquellos hartos de ver cómo se ignoran los valores que una vez nos moldearon. Es una película que acepta que los errores y aprendizajes del pasado tienen más peso que las modas pasajeras que, a menudo, se consideran verdades universales.
En definitiva, "Mary, Mary" no es solo otra película. Es una llamada de atención, una que muchos deberían escuchar, especialmente si están dispuestos a mirar más allá de lo inmediato y superficial. Si alguna vez una película logró poner sobre la mesa los temas más importantes que continuamente se tachan de irrelevantes, esa es "Mary, Mary".