Mario (Película de 2018): ¿Héroe de la nostalgia o farsa cultural?

Mario (Película de 2018): ¿Héroe de la nostalgia o farsa cultural?

El intento de revivir a Mario en la gran pantalla en 2018 fue un riesgo que terminó fallando espectacularmente. Entre narrativas poco auténticas y una visión modernista del clásico videojuego, este filme quedó atrapado en su propia trampa.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

En el vasto mundo del cine, uno podría pensar que quizás no hay nada más que añadir. Pues bien, aquí entra "Mario (Película de 2018)", un filme que nos sumerge de nuevo en la saga del famoso fontanero de Nintendo y que se estrenó ese desafortunado año solo para dejarnos más preguntas que respuestas. Este supuesto intento de revivir la nostalgia gamer fue un esfuerzo dirigido por José Pérez, quien, desde su experiencia en el cine de acción, se encargó de llevar a cabo lo que algunos denominan un atropello cinematográfico.

¿Qué es lo que hizo 2018 tan memorable para la franquicia de Mario en la gran pantalla? En primer lugar, una trama que, sin temor a exagerar, parecía más enfocada en suplir necesidades ideológicas que en ofrecer un entretenimiento genuino para los fanáticos de antaño. La historia se centra en Mario y Luigi, pero en un giro de tuerca inesperado —y innecesario—, ambos personajes son relegados a meros acompañantes en su propia historia. Todo esto envuelto en un guion que intenta torpemente abordar problemáticas sociales actuales, pero termina por convertirse en un sermón eco-político que pocas audiencias quieren escuchar al pagar una entrada al cine.

Para aquellos que crecieron con el clásico videojuego, ver a sus ídolos ahora ser estandartes de narrativas modernistas fue como poco una decepción mayúscula. La película, llevada a cabo principalmente en locaciones de Vancouver y Tokio, exhibe un claro desprecio por la rica tradición de los videojuegos en pos de impresionar a una crítica ansiosa de encontrar "profundidad" donde no la hay. Sin duda, fue una apuesta arriesgada, y vaya que son apuestas las que nuestra Atlántida cultural moderna está dispuesta a hacer para no incomodar las conciencias de algodón.

Claro está, el diseño visual merece mención aparte. Ambientaciones grotescamente modernas y toques de CGI que lograban más bien distraer que deleitar, ilustran que no todo lo que brilla es oro. Los estudios responsables, en un esfuerzo por demostrar que habían "evolucionado" los hilos narrativos del clásico, olvidaron lo más importante: que los fanáticos originales buscan sentir esa chispa de autenticidad que solo el mundo de los videojuegos podía dar.

Es aquí donde el espectador se enfrenta a un choque conceptual. La pregunta del millón es: ¿hacia qué audiencia estaba verdaderamente dirigida esta película? Los niños la habrán disfrutado por sus coloridos gráficos, pero los aficionados de corazón, aquellos que recuerdan con cariño las tardes eternas en los 90's jugando en su consola, encontraron en esta rendición cinematográfica un golpe bajo. Todo lo que Mario pudo (y debió) ser fue empaquetado en un esquema que en vano pretende ser "moderno", cuando la esencia del personaje reside en su simpleza heroica.

Y, entrando a terreno aún más polémico, es inevitable mencionar el ya desgastado recurso de la presencia femenina como salvadoras indiscutibles de la narrativa. En este caso, la Princesa Peach es ahora presentada como una figura de autoridad empoderada, liderando a Mario y compañía, mientras que nuestros héroes masculinos indirectamente son puestos en un segundo plano. Un giro que, claro está, dejó a muchos de aquellos ajenos a las nuevas "agendas" preguntándose qué fue de aquellas historias donde la unión, y no la supresión, era la clave del triunfo.

Resulta curioso cómo ciertos sectores del entretenimiento se apresuran a cambiar lo que ha funcionado a lo largo de décadas solo para satisfacer sensibilidades contemporáneas. Y es que, al final del día, lo que nos queda es el sinsabor de haber presenciado un producto que, en su afán de ser todo para todos, olvidó ser realmente algo para alguien.

Cuando vaya a ver una película de "Mario", espero encontrar aventuras ingeniosas, escenarios divertidos, y una profunda conexión con las raíces que hicieron al personaje memorables. En lugar de eso, "Mario (Película de 2018)" decide tomar el camino del sermón disfrazado de cinta familiar, algo que, como podemos ver en taquillas y críticas, no ha sido bien recibido.

Es un recordatorio crudo de que, a veces, las producciones de "vanguardia" no siempre saben cómo caminar por la cuerda floja entre la innovación y el respeto a la herencia cultural.