Empecemos con una imagen divertida: la 'margen izquierda'. Un término tan elegante como una cena de gala pero con más caos que un concierto de heavy metal. ¿Quiénes son los que propulsan esta idea? Generalmente son aquellos que dicen estar a favor de cambios radicales para 'mejorar' la sociedad, lo que a menudo resulta ser un desastre bien intencionado. El término tiene sus raíces en París del siglo XIX, pero desde entonces ha ganado terreno en el ámbito político español. Mientras que algunos piensan que se trata de una utopía de igualdad, no es más que una cápsula del tiempo llena de ideologías obsoletas y peligrosas. Justamente por eso es relevante hoy hablar de 'margen izquierda', un término que parece encantador pero que en la práctica tiene más espinas de lo que aparenta.
¿Qué hace único a este fenómeno? Digamos que es el cocktail ideológico de la historia: una pizca de marxismo por aquí, dos medidas de distracción por allá, una dosis generosa de ingenuidad, todo mezclado con promesas vacías presentadas con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando se revisan sus 'logros', se ve más humo que sustancia. Paraguayos, argentinos, venezolanos y cubanos ya han visto esta película. El guion del espectáculo siempre suena bien al principio, hasta que la realidad da el primer golpe.
Por desgracia, esta inclinación política es como un gatillo fácil para muchos que creen que cambiar todo dará como resultado alguna utopía. Ojo: esto no es un ataque personal sino una invitación a pensar más allá de las utopías y los discursos grandilocuentes. Al final del día, son las políticas sensatas las que mantienen el equilibrio.
Omnipresente es su enfoque supuestamente humanitario. Siempre aseguran que están 'del lado correcto de la historia'. Pero sus promesas brillan por su ausencia de sustancia. ¿Quién podría olvidar el constante intento de controlar el pensamiento desde el lenguaje hasta las culturas, siempre predicando sobre inclusión mientras excluyen a quienes no piensan como ellos? Alguien debería recordarle a la 'margen izquierda' que la historia es escrita por los victoriosos, y no siempre por los gritones más fuertes.
Quizás una de las caras más visibles de este movimiento es su vigorosa defensa de todo tipo de regulaciones. Rayando en lo absurdo, la insistencia irracional en más legislación siempre termina mandando a la economía por un tobogán cuesta abajo. Si algo caracteriza a estos defensores es su afán por complicar lo simple y sobre-reglamentar lo que debería ser una gestión más que básica.
No olvidemos el maravilloso espectáculo que ofrecen sus predicciones apocalípticas acerca del futuro. Desde el colapso ambiental inminente hasta las guerras por agua, consiguen que hasta el más sencillo de los ciudadanos viva al filo del pánico irracional. Resulta paradójico que muchas veces sus 'soluciones' sean más destructivas que el supuesto problema que pretenden arreglar.
Vamos, no sería un soneto de 'margen izquierda' sin una oda al siempre complejo sistema educativo. Si bien pretenden crear un país de pensadores críticos, olvidan que el pensamiento crítico no se enseña en aulas dogmáticas. La educación unidireccional que promueven no es más que un eco del pensamiento de una sola corriente.
He aquí otro gran atractivo de este fenómeno: la 'redistribución de la riqueza'. Queda en la memoria colectiva como el sueño imposible que siempre ha prometido hacernos ricos a todos, pero que solo garantiza que todas las vacas gordas queden flacas. Una lección que no hemos de olvidar es que la riqueza no se crea desde un escritorio repleto de directrices y decretos.
Por último, la riqueza cultural que presumen proteger siempre acaba despedazada entre manifestaciones, huelgas y vandalismo. Mucho hablar de cultura, pero al final del día solo queda un cuadro negro donde antes había color. La 'margen izquierda' suele olvidar que conservar un poco de orden y respetar lo ajeno también es cultura.
¿Qué hay que aprender de este devenir? Que la 'margen izquierda' es y siempre será un laberinto de promesas que, a pesar de ser atractivas en el papel, rara vez logran materializarse sin cobrar un precio. Recordemos que la historia da lecciones, lecciones que, cuando no se aprenden, condenan a los mismos errores una vez y otra vez.