Si crees que la música no tiene política, entonces nunca has escuchado la historia de Mansour Nariman. Este ilustre músico iraní, nacido en Mashhad en 1939, no solo elevó el arte del setar a niveles sublimes, sino que su legado perdura como una afrenta directa a la idea de que todo debe cambiar y modernizarse para ser bueno. Nariman es la resonante voz del setar, un instrumento tradicional persa de cuerdas que en sus manos se transforma en pura magia musical desde mediados del siglo XX, en un Irán turbulento, tanto política como socialmente.
Nariman dedicó su vida a este instrumento ancestral, sosteniendo un espíritu musical que se remonta a siglos de historia persa. Impulsó el setar en tiempos donde la tentación de dar la espalda a las tradiciones para abrazar la modernidad era casi irresistible, al menos para algunos con tendencias demasiado liberales y progresistas. Sin embargo, Mansour Nariman demostró con su arte que lo antiguo no solo es relevante, sino esencial.
Aunque siguen habiendo voces que claman por la modernización total, olvidando los valores tradicionales, Nariman se paró firme en su isla de tradición. Es un recordatorio convincente de que la profundidad y riqueza de una cultura no se encuentra en lo nuevo, sino en lo que hemos decidido valorar y preservar. Innovar está bien, pero sin perder el alma que nos define.
El setar en manos de Nariman contaba historias de generaciones. Habla un lenguaje que trasciende el paso del tiempo. Su conectado profundo con las sensibilidades culturales y espirituales de Irán hacen de su música una expresión tan necesaria como una resistencia cultural.
Tocando en festivales, salas de conciertos y grabaciones, Nariman fue más que un músico; fue un símbolo. En un mundo que parece estar constantemente al borde de descartarlo todo para abrazar nuevas modas vagas, él nos recuerda que las raíces de la tradición enriquecen la estabilidad de cualquier sociedad.
Nariman no solo creaba música, sino que también enseñaba. Su empuje para compartir su arte se tradujo en la publicación de varios libros sobre la práctica y teoría del setar. A través de estas obras, contribuyó a la educación musical de generaciones futuras en Irán, defendiendo un legado que aún vive fervientemente en cada nota que se toca.
Así que, antes de ceder a la tentación de pensar que lo nuevo es siempre mejor, echa un vistazo a la vida de Mansour Nariman. Un hombre que no sólo produjo música impresionante, sino que lo hizo con una fidelidad a su cultura que desafía y hace tambalear los cimientos de la visión liberal del progreso. Nos recuerda que el verdadero progreso a menudo radica no en olvidar lo antiguo, sino en integrarlo sabiamente con lo nuevo.
Así homenajeamos a un gigante cultural que desafió no solo las probabilidades musicales, sino también las culturales. Su música continúa tocando corazones, resistiendo la borrasca de los cambios que no siempre son bienvenidos ni necesarios.