La lucha olímpica en los Juegos Mediterráneos 2022 fue un evento que, aunque lleno de garra y valentía, también tuvo momentos que parecían más sacados de un guion de teatro que de una arena deportiva. Celebrados en Orán, Argelia, del 25 de junio al 5 de julio de 2022, estos juegos reunieron a luchadores de 26 naciones, desde España hasta Egipto. Pero, ¿qué es lo que realmente llamó la atención de este torneo? La respuesta está en la eterna batalla entre lo tradicional y lo que se vende como "avance" social.
Número 1: La tradición de la lucha grecorromana tuvo su propio espectáculo. En este evento, los atletas, que entrenaron durante años, se enfrentaron no solo a sus oponentes sino también a un sistema que cada vez más busca desviar la atención hacia temas superficiales y "despiertos". Y claro, no es sorpresa que las reglas, influenciadas por esta nueva ola de sensibilidad, buscaban más igualar oportunidades que celebrar la destreza real.
Número 2: La participación de mujeres en la lucha ha sido un tema candente. No me malinterpreten, el avance de las mujeres en el deporte es algo a celebrar. Sin embargo, la forma en que se enmarca esta inclusión a veces tiende a ser condescendiente. Hubo ocasiones en que el enfoque parecía ser más un espectáculo de inclusión que una celebración de habilidades y competitividad. ¿Realmente estamos ayudando al deporte o solo estamos siguiendo el curso del momento?
Número 3: Los atletas compiten por la victoria, no por discursos políticos. Y eso se vio claro cuando, pese a todos los intentos de politizar el evento, los luchadores se plantaron con firmeza para mostrar lo que realmente importaba: ganar sobre la lona. Al igual que el verdadero espíritu deportivo, estos guerreros se mostraron a sí mismos como lo que son: campeones que luchan no por divisiones ideológicas, sino por el honor y la gloria personal y de sus países.
Número 4: La representación internacional sigue siendo un claro ejemplo de la pluralidad cultural que estos juegos pueden ofrecer. La mezcla de culturas y estilos dentro de la lucha en los Juegos Mediterráneos refleja lo que debería ser el espíritu del deporte: la competencia sana entre naciones en el marco del respeto mutuo y el arduo trabajo.
Número 5: Uno de los aspectos más interesantes de estos juegos fue ver cómo los competidores más jóvenes se desempeñaron en el escenario internacional. La llegada de nuevas generaciones de atletas refuerza el deseo de alcanzar la excelencia deportiva y servir como ejemplos para sus compañeros. Pero no es la edad el único factor, sino la dedicación y el sacrificio, valores que más de una agenda "despierta" podría aprender a apreciar.
Número 6: Debemos hablar de la cobertura mediática del evento. Mucho de lo que se mostró se acopló a la narrativa mundial que añora todo lo que suene a polémica y censura al verdadero espíritu competitivo. En vez de destacar las victorias individuales y de equipo, se prefirió hablar de "progresismos" y cómo las personas deberían comportarse en lugar de dejar que la verdadera habilidad hable por sí misma.
Número 7: Los Juegos Mediterráneos siempre han sido un crisol de realidades deportivas. Con 26 países, este evento ofrece la oportunidad de presenciar diferentes estilos, estrategias y escuelas de entrenamiento. No obstante, sería lamentable que la política y la corrección política se interpongan en el camino de este espléndido e histórico evento.
Número 8: Sería imperativo que los administradores deportivos internacionales se enfoquen más en apoyar el talento y celebrar la tradición, en lugar de sucumbir a las presiones externas que buscan desviarlos hacia objetivos llamados "socialmente correctos".
Número 9: La lucha es intensa, difícil y alienta el valor. ¿No es eso por lo que asistimos a los deportes en primer lugar? Buscar la trascendencia en el desafío personal es lo que debería seguir motivando, lejos de agendas desarrolladas en oficinas más preocupadas por la imagen que por los ideales de la competencia.
Número 10: Lo que queda claro, y es algo que no se puede negar, es que el deporte de la lucha en los Juegos Mediterráneos 2022 fue una muestra excepcional de habilidades y logros. Pero, como con todo donde la política y la ideología entran en juego, debemos preguntarnos qué futuro estamos construyendo si permitimos que estos elementos definan más nuestras competencias que los verdaderos valores atléticos.