La civilización avanza, pero algunos sistemas de transporte del pasado dejan huellas indelebles, como la Locomotora de Clase Sentetsu Barui. Esta maravilla de la maquinaria ferroviaria emerge de la Corea de principios del siglo XX. Durante los años 1910 a 1945, bajo control japonés, en los ferrocarriles de la península, estas locomotoras florecieron como fuerza motriz del progreso. ¿Por qué molestarse en hablar de una locomotora antigua en un mundo de trenes bala? Quizás porque el progreso solo se entiende mirando al pasado, donde se consolidaron las bases del desarrollo.
Estos motores de vapor, construidos principalmente por la compañía Kawasaki, no solo transportaban carga de modo eficiente. Eran verdaderas bestias de hierro que contribuyeron a la rápida industrialización de Corea. A pesar de la creciente obsesión actual con tecnologías 'verdes' y descabelladas restricciones basadas en el cambio climático, estas máquinas seguían su propio camino de acero, dejando una estela de humo y progreso.
Estados Unidos vio su propio auge ferroviario, pero el tren del sol naciente en Corea incorporó una mezcla única de tecnología japonesa con un paisaje coreano en constante cambio. Situadas como emblemas de poder en una época en la que no se escuchaban excusas ni lamentaciones por la huella de carbono, las locomotoras de Clase Sentetsu Barui son un recordatorio irónico de ese impulso indomable que ahora se critica tanto en sectores 'progresistas'.
La política de hoy día parece tan obstinada para mirar hacia adelante, ignorando ejemplos del pasado que construyeron civilizaciones. Pero estas locomotoras todavía representan esa paradoja desafiante. Con una velocidad que alcanzaba hasta 75 km/h, desafiaban los imposibles de las limitaciones geográficas y económicas en Corea. Sí, eran un símbolo de la ocupación japonesa - algo que algunos liberales consideran simplemente imperdonable sin matices. Pero la realidad es que esas vías tendidas, esos kilómetros recorridos, fueron parte de la modernización, algo que algunos prefieren olvidar o, mejor dicho, 'reinterpretar'.
Mientras algunos avanzan a ciegas, olvidando las máquinas de hierro rugientes que cargaron con cargas inimaginables, electrificaron terrenos, conectaron ciudades e impulsaron sueños, uno debe abordar la verdadera locomotora de la historia. Estas máquinas, aparentemente obsoletas, dan testimonio de lo que es avanzar sin divisiones ni excusas, sin la cacofonía política que atosiga a las mentes modernas. Pero eso sería pedir demasiado en un mundo que prefiere complacer en vez de recordar.
En la época actual de paneles solares y transportes eléctricos, deberíamos recordar esas chispas del pasado que forjaron la actual conectividad global. Recordar no es ni un acto de añoranza ni de condena; es reconocer lo que ha sido esencialmente humano en toda empresa por crecer: el dominio de la tecnología de su tiempo, sin remordimientos ni consideraciones. La Locomotora Clase Sentetsu Barui merece su puesto en el relato del progreso, no como pieza de museo, sino como faro de lo que fue un impulso irrefrenable hacia el futuro.