La vida en la música está llena de contradicciones, y Lin Sheng Xiang es un excelente ejemplo de esto. Este influyente músico taiwanés, nacido en 1971 en la de pueblo Meinong, no tiene nada que ver con la corrientes melosas del pop asiático a las que nos tienen acostumbrados. Su música es una mezcla audaz de los ritmos tradicionales hakka, influencias de la música occidental y letras poderosas sobre temas sociales y políticos que han retumbado desde los años 90. ¿Pero qué lo hace tan especial? Y, claro, ¿por qué la élite cultural no quiere que profundicemos en su obra?
Primero, Lin Sheng Xiang no teme a las críticas. Ha sido un contestatario con sus letras. Mientras que otros artistas cantan sobre amores perdidos y corazones rotos, Lin invita a reflexionar sobre los problemas reales, como los derechos de los agricultores y la conservación del medio ambiente. Mientras la cultura pop idolatra a figuras superficiales, él mantiene sus raíces bien plantadas. Toda una bofetada a quienes ven la música solo como un escape de la realidad.
El hombre que no está dispuesto a callar. Durante los años 90, cuando el mundo estaba enamorado del grunge y el bubblegum pop dominaba las listas, Lin optó por un camino diferente. Junto a la banda Labor Exchange Band, trajo la música hakka de las aldeas a las ciudades y comenzó a cuestionar la política agraria de su país. La pregunta aquí es ¿por qué su valentía no es admirable y merecedora de más reconocimiento?
Su música es un acto de desafío cultural. Dialectos hakka y guitarras acústicas combinadas con un mensaje político sólido. Mientras el mundo hablaba sólo una lengua (en sentido figurado), siguiéndole el juego al entretenimiento fácil, Lin repuntó como un héroe de las causas locales, un David enfrentándose a Goliat. Sólo algunos valientes se atreven a criticar estructuras en las que nadie más se atreve a hurgar.
Las colaboraciones de Lin cruzan fronteras. Ha trabajado con músicos internacionales porque, claro, el arte verdadero no conoce límites geográficos. Esto lo convierte además en un embajador cultural. Toma nota de eso. Cuando uno significa más de lo que se ve a simple vista, no se necesita una gran maquinaria de promoción para ser relevante. El talento y el mensaje se imponen solos.
Pero, ¿por qué hablamos tanto de sus letras y no suficiente de su música? Porque en un mundo que premia lo sencillo y lo superficial, Lin Sheng Xiang encuentra su motivación en la complejidad. Sus composiciones son un puzle perfecto y meticuloso que va más allá de música pegajosa. No busca ocupan el top de las listas. Preferiría cantar para una multitud con conciencia que para una masa dormida.
Aquí vamos hacia el punto central: Lin Sheng Xiang es alguien que hace pensar. Sus canciones forman parte de un activismo musical que enriquece al oyente no sólo acústicamente, sino también intelectualmente. Damos especial reconocimiento a alguien que es capaz de cambiar la narrativa popular sin conformarse ni caer en los extremos de lo políticamente correcto. Quizás es esa misma razón por la que los medios pretenden minimizar su impacto.
Lin se mantiene ajeno a este juego del entrelazado mundo del mainstream musical. Se escucha poco en las listas de éxito. Incluso aunque su propuesta es elevada, rica en significados y matices, preferimos dejarnos convencer por letras fáciles y omitir la música con contenido de perspectiva. Por eso, en tiempos donde el entretenimiento es evasión, Lin Sheng Xiang es una joya rara que merece oídos dispuestos a escuchar.
Que Lin no tenga el reconocimiento masivo es un testimonio de lo lejos que estamos dispuestos a ir para evitar lo incómodo. Su música es como un espejo en la cara de una sociedad que prefiere imaginar problemas sencillos que se pueden resolver con estribillos pegajosos. Mientras el mundo alaba a aquellos que viven de crear una ilusión, él destruye ilusiones para ver más allá. Un verdadero maestro para quien sabe apreciar el arte sincero.
En Lin Sheng Xiang encontramos un punto de comienzo para una mayor honestidad en la música. Es el tipo de artista que nos invita a cuestionar si lo que escuchamos es realmente música o solo ruido ornamental. Su legado exige ser recordado y su música escuchada por quienes aún valoran la integridad, más allá de la superficialidad a la que nos acostumbraron.