¿Sabías que en Italia, una región está clamando por un fervoroso grito de independencia? Eso es "Libertad de Veneto", un movimiento que no solo busca destetar a una región próspera de la burocracia de Roma, sino que también incita a reflexionar sobre el futuro de los estados-nación en Europa. En marzo de 2014, más de dos millones de personas que residen en la región del Véneto expresaron su deseo de largarse de la tutela italiana y forjar su destino. En un controvertido referéndum, una abrumadora mayoría indicó su anhelo por la separación. Al diablo con la idea de «la unión hace la fuerza» cuando la historia y la cultura exigen autonomía.
El Véneto tiene todas las cartas para ser un estado independiente sin mayores trabas; un puerto pujante, una vena comercial potente y una cultura rica que trasciende la mera alineación política. Los defensores del movimiento citan a menudo ejemplos como Escocia y Cataluña para justificar su causa, pero vayamos un poco más atrás: en su apogeo, la República de Venecia fue una potencia mercantil imparable durante siglos. Así que reclamar la autonomía tiene fundamentos históricos. Pero, claro, no todos quieren oír hablar de independencia. Hay quienes creen que el Véneto sin Roma perderá más de lo que ganará, pero esos son cuentos para asustar a niños y no son argumentos sólidos ni razonados.
¿Por qué alguien querría quedarse anclado en políticas que no le representan? Es la pregunta del millón, sobre todo cuando el Véneto podría florecer como el jardín de las maravillas que una vez fue. Recordar a Venecia como una ciudad-estado que comandó los mares no es utopía; es un hecho irrefutable. El "Serenissima" título no era solo un capricho decorativo, sino el emblema de un sistema político adelantado a su tiempo que garantizaba administraciones capacísimas. Al igual que los padres fundadores de EE.UU., que dejaron en claro su intención de deshacerse de un gobierno opresor, el nuevo Véneto busca salir de la sombra de un centralismo administrativo que les chupa la vitalidad económica.
Es predecible que al establishment no le agrade un revuelo de esta índole, pero lo que no se puede negar es que la demanda de independencia crece, impulsada por las propias dinámicas internas venecianas que están solo buscando reflejar lo que fueron una vez. Los opositores temen la renuencia hacia un cambio económico radical que transforme el clima de negocios. Ah, los conservadores de siempre, preocupados por su estatus quo. Esto no es sobre cerrar puertas, sino abrir nuevos horizontes.
Los que gritan escandalizados ante la idea de un Véneto libre olvidan algo fundamental; la historia está llena de ejemplos de naciones que ganaron dignidad y autodeterminación y lograron grandes cosas. Si bien no se puede predecir el futuro con certeza matemática, lo que no se puede negar es que la independencia brinda una opción de identidad y desarrollo específica para sus ciudadanos. Pero no, el diálogo de "ven, convence" resulta infructuoso si del otro lado solo hay negaciones.
Quizá más de uno esté descontento con las comparaciones, pero la entonces ciudad de Atenas o la misma Venecia son referencias concretas de urbes-estado que influyeron en el curso de la historia. La independencia siempre ha sido un derecho que los pueblos han perseguido cuando el lastre gubernativo ha sido incapaz de conducirles al éxito. En el contexto europeo actual, donde la soberanía se disuelve entre manos con cada tratado, uno vislumbra que un Véneto libre podría ser una vanguardia para otros.
Hay muchas voces solo esperando que el gesto vea la luz. Sin Roma respirando en su cuello, el Véneto puede proyectar políticas económicas, fiscales y culturales que reflejen su significado. Las burocracias centralizadas se sienten amenazadas porque una región próspera que decide irse pone en tela de juicio sus sistemas. Mirando estas circunstancias reales, uno podría llegar a apreciar la voluntad de un pueblo que no se conforma.
¿Los trapos sucios que deben lavarse en casa? Sin duda, cada campamento tiene sus riesgos y los que diseñan políticas de transición deben abordar cada uno con inteligencia propia del siglo XXI. Si algo ha enseñado el Brexit es que nada es sencillo, pero mantenerte atrapado en una lógica de miedo no es opción si hay suficiente conciencia en juego. Las ideologías grandes y pequeñas han nacido bajo esta noción; no culpes al reclamo, ajusta el enfoque.
El Véneto libre entonces, como eco de ese controvertido referéndum de 2014, se erige como un tema que prefieren aplaudir quienes ven las potencialidades de una región que sabe lo que tiene y lo que puede ofrecer. Y como bien dijo alguien, las palabras viejas son siempre nuevas, pero la independencia auténtica, ah, esa nunca pasa de moda.