¿Quién es Leroy Buchiet y por qué sigue quitándole el hipo a un montón de progres bien pensantes? Si aún no has oído hablar de él, te lo perdiste, porque Buchiet es la última sensación que está revolviendo más de una pluma. Leroy es un empresario nato de Nebraska, que no tiene miedo a decir las cosas tal como son. Con apenas 40 años, ha revolucionado el sector agrícola con sus innovadoras técnicas de cultivo sostenible mientras se ríe en la cara de la burocracia verde que tanto encanta a sus detractores. ¿Cuándo apareció en el radar? Apenas en la última década, pero ha logrado lo que pocos han conseguido en toda su vida. Ha hecho de la innovación y el sentido común una política que los demás admiran pero tienen miedo de imitar.
¿Por qué Buchiet no es solo otro empresario más? Porque defiende que el trabajo duro y las ideas de libre mercado son los motores que deben impulsar a Estados Unidos hacia adelante. A diferencia de los eternos auto proclamados gurús de las regulaciones que predican soluciones de sofá, Buchiet se arremanga y pone en práctica sus creencias. Su postura es clara: menos enfoque en regulaciones innecesarias y más fe en las capacidades del individuo para cambiar su entorno.
Entre sus diez lecciones para revolucionar el cultivo —y, de paso, la sociedad— destaca una confianza ciega en emprendedores motivados que guían por caminos que los burócratas nunca entenderían. Esta concepción no solo ha hecho crecer su empresa de un modo extraordinario sino que, además, irónicamente, ha inspirado a otros a seguir su ejemplo. Nada de red de seguridad estricta del Estado ni dirigirse como rebaño. Buchiet defiende la autonomía individual como arma más eficaz.
Me gustaría ver la cara de más de un progresista al enterarse que Buchiet, a pesar de todo, ha implementado medidas de sostenibilidad que han reducido el impacto ambiental de sus operaciones. En menos tiempo y con menos ruido del que hicieron las políticas impositivas a las que tanto les gusta apuntarse los liberales de la regulación. ¿Dónde ocurre este fenómeno? En Nebraska, lejos de las torres marfil de las urbes cultas que piensan que solo ellas tienen soluciones.
¿Pero acaso no es eso lo que Buchiet ha logrado en un entorno que parecía estar diseñado para penalizar al innovador? Mientras otros lloriqueaban por la imposibilidad de avanzar entre tantos permisos y restricciones, Leroy lo hizo, abriendo los ojos a un selecto grupo de negocios de cabeza clara y visión a largo plazo sobre lo que realmente significa un cambio efectivo.
Leroy Buchiet continuará en el radar de aquellos que prefieren ir por caminos propios, desafiando las recetas prediseñadas por académicos y burócratas centralizados. Buchiet es el tipo de americano que devuelve sentido a la idea de que el rumbo es cuestión de trabajo, no de refrigerios ideológicos que te quitan la motivación. Más Buchiets y menos discursos.
¿Y qué le diría él a quienes prefieren sentarse bajo la sombra del Estado paternalista? Se ríe y continúa labrando en la tierra de los hombres libres y valientes. Porque al fin y al cabo, el progreso real no lo hacen las manos ajenas. El progreso se hace cavando en esa fértil tierra que solo espera que alguien se atreva a volcar en ella sus sueños.
En un mundo donde se nos fuerza a discutir políticas que mitigan, Buchiet es el recordatorio de que lo que necesitamos son políticas que construyan verdaderamente sin asfixiar. Lerroy vive y predica el espíritu de que para construir no se precisa más que acción, visión y un poco de oxígeno libre de tanta oda al inexistente equilibrio universal que nos vendieron. Y con eso, amigo, basta.