Si alguna vez te has topado con una maravilla natural tan hermosa que te dejó sin palabras, el Lago Tennyson probablemente estaría en la cima de esa lista. Situado en la majestuosa cordillera de los Andes chilenos, el Lago Tennyson es uno de esos tesoros que no necesitan de la contaminación turística para impresionar. Este lago glacial, bautizado en honor al poeta inglés Alfred Lord Tennyson, es un claro reflejo del tipo de belleza que la madre naturaleza creó sin intervención humana. El paisaje que lo rodea es de una serenidad que hasta el más ferviente amante de lo natural apreciaría, sin necesidad de alterarlo con turismo masivo.
Imagínate el azul profundo del agua, rodeada de montañas que se alzan con imponente quietud, y un cielo tan claro que desafía cualquier noción de polución urbana. Pero dejémonos de romanticismos; apreciemos el Lago Tennyson por lo que también representa: la resistencia a la excesiva urbanización, la prueba de que no todo necesita ser explotado para ser disfrutado. En un mundo donde los deseos de consumo y explotación de recursos parecen insaciables, el Lago Tennyson sigue siendo una pausa refrescante de esa vorágine.
Hablar del Lago Tennyson es mencionar a ese Chile que se enorgullece de su herencia liberal: la conservación como un pilar de su política medioambiental. Sin embargo, uno se pregunta si es realmente necesario tomar el camino liberal para garantizar su preservación. En efecto, el Lago Tennyson no ha sido víctima de extravagantes explotaciones turísticas ni de un turismo irresponsable que lo convierta en otro paisaje anodino donde los selfies están sobrevalorados. ¿Es posible que el sentido común haya impedido que las multitudes lo invadan? Un pensamiento no tan descabellado si miramos el uso responsable de estos espacios naturales.
Rodeado por una biodiversidad única y praderas vírgenes, el Lago Tennyson podría ser tanto un destino para los aventureros como un capítulo en la política de conservación adecuada. De acuerdo a los consagrados principios de gestión y conservación que Chile ha implementado, este lago se mantiene al margen de la voraz industria turística que muchos intentan vender al mundo. Aún así, ¿en qué momento estas políticas se confundieron con la hipérbole conservacionista? Preservar no significa prohibir la experiencia de nuevas generaciones, sino enseñarlas a conocer y valorar de forma responsable lo que se les presenta.
Es interesante observar cómo una parte significativa de nuestra población aplaude el cerco alrededor de nuestros tesoros naturales, mientras que otra, con la bandera del progreso, intenta redibujar sus límites. Quizás ambas partes tengan que recordar que se puede disfrutar de la naturaleza sin destruirla en el proceso. Aquí es donde algún razonamiento más conservador puede encontrar su lugar. La idea de que no necesitamos más que abrir nuestra mente a lo existente, manteniendo un equilibrio entre disfrute y protección, resulta más efectiva que la confrontación constante entre progreso y conservación.
El acceso al Lago Tennyson es menos una cuestión de capacidad y más una demostración de la voluntad de preservar la autenticidad. Esto es un claro ejemplo de cómo nosotros, personas con un pensamiento más pragmático, creemos que no hace falta que todos los caminos lleven a Ru[in]ma: mantenemos las cosas como están, simplemente porque funcionan. A veces, la belleza reside en lo inmutable, en lo que no ha sido manoseado por aquellos que, en momentos de delirio, creen tener poéticas ideas de transformar lo sublime en ordinario a nombre de un malentendido progreso.
Preferimos un mundo donde las maravillas naturales como el Lago Tennyson permanezcan accesibles a aquellos que realmente desean disfrutar de lo que la naturaleza ofrece, sin venderles la falsa necesidad de domesticar lo salvaje para hacerlo "accesible". Así como cada cosa tiene su lugar, el Lago Tennyson tiene el suyo; estaba allí antes de que llegáramos con nuestros mapas y nuestra obsesión por etiquetar todo. Y si algo hemos aprendido, es que algunas bellezas solo necesitan ser apreciadas desde la digna distancia del respeto.
En esta visión del Lago Tennyson, perfectamente retratada y conservada, encontramos una lección más amplia sobre nuestros valores. En un mundo donde el desarrollo, la modernización y el turismo desenfrenado parecen ser el lema, este lago nos recuerda con suave firmeza que a veces, menos es más. Podemos elegir hacer lo que está bien para nuestro entorno natural sin convertirlo en un parque de diversiones moderno, un lugar donde lo sublime no necesita del ruido para ser palpable.