El Llamativo Laberinto del Sentido Común

El Llamativo Laberinto del Sentido Común

Una película que desafía la moral ambigua de la modernidad, 'Laberinto' de 2000, nos invita a repensar valores tradicionales en un mundo que ha perdido el rumbo.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Recuerdas la última vez que una película te dejó pensando sobre la vida, pero de una manera en que sentiste que alguien te estaba hablando al oído con sentido común? 'Laberinto', dirigida por el cineasta ecuatoriano Miguel Alvear en el año 2000, es un ejemplo fascinante de cómo el arte puede ser una revelación de la sensatez perdida en nuestra sociedad. Estrenada en Ecuador, esta película invita a cuestionar el concepto posmoderno del 'todo vale'.

'Laberinto' no es una simple película, es un espejo que refleja la lucha interna de un protagonista anónimo, quien representa a todos aquellos que buscan sentido en una sociedad que prefiere disolver los valores tradicionales en la nebulosa de la relatividad moral. La trama se centra en este personaje perdido en un laberinto literal y metafórico, un símbolo de la confusión de nuestro tiempo. Todo sucede en una indeterminada ciudad que podría ser cualquier lugar moderno que ha sucumbido al atractivo de lo absurdo. La película plantea preguntas que nos obligan a enfrentar el hecho de que las certezas no eran tan malas después de todo.

Hay quien podría decir que 'Laberinto' es una crítica a la falta de objetivos claros en una generación que prefiere quejarse antes que actuar. Cuando el protagonista se abre paso a través del laberinto, se enfrenta a decisiones que reflejan las encrucijadas de la vida real: elegir entre la satisfacción instantánea o el sacrificio para un futuro mejor. Las escenas están llenas de simbolismos y hacen una clara referencia a un camino moral que muchos han abandonado por considerarlo 'anticuado'. Pero, ¿qué tiene de malo aferrarse a un mapa cuando uno está perdido?

Resulta curioso cómo esta película, que no tuvo un despliegue abrumador a nivel internacional, se aloja en la mente de quien la ve, probablemente porque despierta una reacción visceral ante lo que sabemos, en el fondo, está mal en nuestra sociedad. A través de su puesta en escena y los diálogos afilados, la obra de Alvear nos recuerda que el camino recto es muchas veces el más difícil, pero también el más gratificante. Esta filosofía, por supuesto, va de la mano con una visión conservadora que valora la continuidad de principios establecidos y la defensa de la cultura propia frente a la presión de cambiar por mero capricho.

Es particularmente interesante cómo 'Laberinto' elude el canto de sirena del multiculturalismo sin sentido que todas esas voces progresistas tienden a alabar. La película, en vez de eso, hace un llamado a la autenticidad y a la conexión con nuestras raíces. En ella, el laberinto también representa nuestra capacidad para crear y recordar las historias que nos fueron legadas por nuestros ancestros. El arte no es una excusa para destilar mensajes de rebeldía volátil, como tanto gusta a quienes se reclaman como portadores de la bandera de la 'diversidad'.

Se podría mencionar que 'Laberinto' aborda también la alienación que sentimos al ser arrojados a un mundo donde nos dicen que todo nos lo merecemos; sin embargo, el protagonista parece más bien reclamar que lo que nos merecemos es el fruto de nuestro esfuerzo. ¡Qué radical! Recogiendo lo que han sembrado, las semillas de esfuerzo personal y compromiso perennemente disminuidas por la cultura moderna que promueve la gratificación instantánea y la recompensa sin trabajo. Aquí, Miguel Alvear nos planta cara y nos recuerda que estamos inmersos en un teatro de lo absurdo, donde huiríamos de todo aquello que implique salir de nuestra zona de confort.

Los liberales, con su amor por el relativismo, probablemente no encontrarían razones para alabar esta obra que insiste en manifestar que lo correcto puede no ser fácil pero es necesario. Sin embargo, para aquellos de nosotros que buscamos fortaleza en la tradición, 'Laberinto' es un faro que ilumina con lucidez los cielos nublados del laxo hacer lo que te dé la gana', característica de la época.

Así que, si te atreves, adéntrate en este 'Laberinto'. Porque lo que yace al final no es un monstruo a vencer, sino el entendimiento de que los valores firmes y claros son más necesarios que nunca. ¿Acaso no es eso lo que realmente necesitamos en una era tan repleta de ruido y desinformación? Al fin y al cabo, la campana suena clara a quienes están dispuestos a escuchar.