La Pata del Mono: Una Oportunidad Desperdiciada de 2013

La Pata del Mono: Una Oportunidad Desperdiciada de 2013

La Pata del Mono, dirigida por Brett Simmons en 2013, busca revivir un clásico del horror pero se queda corta al intentar asustarnos con consecuencias predecibles y actuaciones mediocres.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Te has preguntado alguna vez qué pasa cuando una cinta intenta mezclar un cuento clásico con una dosis de horror moderno y no logra asustar ni a tu gato? La Pata del Mono, una película lanzada en 2013, nos da esa desafortunada mezcla. Basada en el cuento de W. W. Jacobs, esta película intenta tomar algo tan simple como un deseo concedido de una pata de mono endemoniada y convertirlo en una experiencia aterradora. El problema es que el director Brett Simmons parece que olvidó el arte de generar miedo genuino mientras la audiencia se encuentra más intrigada por contar los agujeros de la trama que por temblar en sus asientos.

La trama, tan predecible como una manifestación humanitaria de Hollywood, sigue a Jake Tilton, interpretado por C.J. Thomason, quien va encontrando cómo cada deseo trae una consecuencia más flameante que la liberación de crímenes en San Francisco durante un 2020 imaginario. Un hombre joven que recibe el objeto del título y, ay, de repente su vida comienza a retorcerse de formas apenas tan creíbles como las tasas de aprobación de ciertos políticos contemporáneos.

Actores que parecen haber sido reclutados de una tienda de descuentos, tratan de vendernos el dolor y la curiosidad de tener en tus manos un objeto maldito. Pero adivina qué, no lo logran. La actuación es tan genuina como un discurso medioambientalista respaldado por los fabricantes de jets privados. Los personajes, sin profundidad alguna, parecen moverse únicamente por la conveniencia del guion, igual que muchos en la política partidista. Tal vez la comparación de sobrevivir una rodada a través de Boulder, Colorado, con autos eléctricos, podría cambiar las cosas dramáticamente, pero no alcanza a abarcar el horror necesario para esta historia.

Tampoco podemos ignorar el intento de enfatizar las consecuencias no intencionadas, un concepto con el que esta generación parece tener problemas para lidiar, gracias a la insistencia en la gratificación inmediata sin tener que lidiar con las repercusiones. ¡Oh, el toque clásico de horror donde elegir mal asegura tu ruina! Pero, no temáis, porque la película más bien parece decir "acostúmbrense a ello", al fallar en transmitir cualquier tipo de advertencia realista, menos para un público ya acostumbrado a evitar las consecuencias.

Aunque se entendía que el horror debía reinar, lo que obtuvimos fue una lección mal aprendida sobre la avaricia y las malas decisiones. Como si pretendieran que el destino de aquellos que buscan gratificación instantánea con poca reflexión no fuera ya obvio. Las decisiones y los deseos mal dirigidos traen problemas, de modo que la película realmente añade más entretenimiento en mostrar los pésimos resultados de cada deseo más allá de la habilidad técnica para crear un mundo creíble y horripilante.

La escenografía y la ambientación intentan resucitar aquel escalofrío prometido, rememorando aquellos cuentos de fogatas donde las historias se tejían con aires de misterio y miedo. La Pata del Mono, al menos, hace un esfuerzo en posicionarse adecuadamente junto a clásicos del género de horror psicológico. Pero, lamentablemente, estar en la misma sala que verdaderos clásicos no asegura que se ruborice una buena historia de terror. La falta de auténtica tensión palpable en cada escena recalca lo que se siente más como un torneo de discursos escolar que un elaborado juego de actuaciones.

Todo esto lleva a la pregunta: ¿realmente necesitábamos otra adaptación de La Pata del Mono? La respuesta parece ser no, al menos no de la forma en que se nos presentó en 2013. Nos ofrecen otra toma trivial de la literatura clásica que no logra entretener, informar ni asustar. Tal vez para futuras incursiones, algún creativo inspiraría un renacimiento, adaptando historias adecuadamente para estos tiempos volátiles. Quizás tal vez pueda aparecer un genio que nos sorprenda con una verdadera obra maestra de terror.

Desafortunadamente, la cultura actual parece más redireccionada a estar en la arena política que en la grandeza creativa del momento sin tornarse repetitiva. Tal vez, esta película debería ser interpretada como una advertencia de por qué las historias reflexionadas sería un soplo de aire fresco en un continente de productos de entretenimiento desechables y olvidables. Sin expectativas ni grandes pretensiones, al mismo tiempo, La Pata del Mono (2013), podría ser parte de un inquietante ejemplo de cómo obras planas y mediocres consiguen captar suficiente atención para transitar las heladas aguas por un océano lleno de nadadores con poco estilo.

La Pata del Mono de 2013 resulta ser más un objeto de curiosidad que de horror genuino. Algunas veces, es mejor dejar ciertos cuentos tranquilos en lugar de desenterrarlos solo para llenar vacíos en nuestras pantallas. Tal vez la próxima vez que decidan desempolvar un clásico, alguien pensará en el potencial real del legado cultural que podrían dejar fuera de los límites del invento moderno. Hasta entonces, la Pata del Mono permanecerá en la periferia de las experiencias cinematográficas que pudieron ser y nunca lograron serlo.