¿Quién hubiera dicho que en el reino de la política y la sociedad milenial existe otra palabra con F que causa más revuelo que la ya conocida blasfemia? ¡Es la otra palabra con F! Hoy en día, en un mundo donde todo ofende a todos, es increíble que esta simple palabra todavía genere tanto pavor y discusión entre generaciones enteras. Estamos hablando de familia. Aquella palabra que simboliza uno de los pilares fundamentales de la estructura social, pero que parece haber caído en desgracia en los discursos modernos.
El que el concepto de familia esté desmoronándose no es solamente un desliz de la actualidad, sino un proceso deliberado que comenzó hace décadas. Una ingeniería social que busca desmontar las tradiciones y valores que han sostenido civilizaciones completas. Muchas veces escuchamos hablar de que la 'familia tradicional' ya no es relevante. Curioso que cuando las tasas de criminalidad suben y las estructuras sociales se tambalean, no logran relacionar lo obvio: sin familias fuertes, toda la sociedad sufre.
Primero, ¿qué es la familia? Y no, no estamos hablando de tu grupo de 'Facebook Friends', sino de la estructura básica: padres, hermanos, en el escenario ideal, quizá se incluya incluso a los abuelos cercanos, quienes aportan sabiduría antigua y esa dosis de disciplina necesaria. Papá y mamá presentes, no ausentes; no un 'padre proveedor ocasional' o una 'madre multitareas'. Esta no es una invención de la era moderna, sino un concepto arraigado en la historia humana.
Entonces, ¿cómo es que algo tan simple como esto se ha convertido en el nuevo tabú? En el teatro surrealista actual, defender la familia tradicional es análogo a admitir que crees en brujas y duendes. Estamos constantemente bombardeados con mensajes afirmando que puedes 'elegir tu familia', como si fuera una camiseta barata que puedes descartar cuando te aburres de ella.
No olvidemos a aquellos que dicen que cualquier tipo de arreglo social lo suficientemente amigable puede ser considerado como familia. Pero, de manera divertida o hasta patética, aceptan bajo el concepto de familia a grupos de personas que no comparten lazos sanguíneos ni compromisos reales. Es como llamar a todos en la tribu 'tu hermano' simplemente porque visten igual en una comuna. Esta parece más una excusa para escapar de las responsabilidades verdaderas que acarrea la familia real.
¿Y a dónde nos lleva rechazar el rol fundamental de la familia? A un mar de confusión y caos. Sí, las estructuras familiares pueden fallar. Sin embargo, son aquellas fallas las que nos enseñan a mejorar y a reconstruir con bases aún más sólidas. Cuando la 'palabra' familia se despoja de su verdadero significado, pagamos el precio de más fragmentación social, menos empatía y un egoísmo insaciable. Así, cada uno busca únicamente su beneficio sin importar el colectivo.
Otra consecuencia es el sentimentalismo vacío que nos venden los medios. Hollywood nos ha acostumbrado a películas que terminan en conquistadores perfectos o en reuniones familiares 'mágicas', quitando mérito al arduo trabajo que realmente implica mantener unida a una familia. Claro, el esfuerzo, la paciencia, el sacrificio, esos rara vez se convierten en trending topics.
Las tasas crecientes de divorcio, la abundancia de hogares monoparentales y el sorprendente incremento de ansiedades y depresiones en niños hablan por sí solos. Es un espejo que refleja lo que sucede cuando abandonamos lo esencial. ¿Pero a quién importa analizar cualquier tipo de datos en una discusión donde lo políticamente correcto es la premisa clave?
Impresionante es también cómo se logra marginar a aquellas culturas que defiendan las familias tradicionales, tildándolas de obsoletas o incluso de opresoras en nombre de la liberación individual. Es fácil olvidar que no todo se trata de uno mismo, sino de lo que cada uno aporta al núcleo familiar, que, a su vez, refuerza la comunidad completa.
Y no olvidemos el impactante pero cierto rol político: Una sociedad fragmentada es mucho más fácil de dividir y conquistar. Sin familias fuertes pidiendo mejores entornos y oportunidades, todo gobierno tiene el camino libre para implantar controles y regulaciones a su antojo. ¿Por qué lucharías por algo cuando ni siquiera tienes un suelo firme del cual despegue tu batalla?
La audacia actual de revalorar la palabra 'familia' no viene sin sus desafíos. Levantar la voz por algo que para muchos suena absurdo puede crear un eco que despierte conciencias dormidas. Y cuando regresas a lo básico, te das cuenta de que esas luchas personales, esas decepciones y esos logros pequeños, son la verdadera base para cualquier cambio significativo.
Así que, ¿cuál es el siguiente paso? Redescubrir la 'otra palabra con F', esa que el progresismo moderno quiere tanto evitar por razones que ellos mismos parecen no entender. Tras examinar sus raíces, entender plenamente el contexto y el propósito real de la familia, quizás, quizás veamos por qué esa sencilla palabra es más revolucionaria y vital de lo que una vez pensamos.
¡El Tabú Revelado: La Otra Palabra con F!
Existe una palabra con F, mucho más subversiva para la sociedad moderna de lo que podríamos imaginar: la familia. En un mundo aparentemente empeñado en desmantelar lo esencial, esa simple palabra se convierte en arena política.
Vince Vanguard