El título de la película "La Miel Está Muerta" sugiere la intrigante idea de que algo ha cambiado radicalmente. Este documental mexicano aborda el colapso de las colonias de abejas, lanzado en 2022, y da vida a una realidad alarmante que ocurre no solo en el campo mexicano, sino en todo el mundo. ¿Qué ha pasado con esas abejitas, nuestras nobles trabajadoras del campo? Las respuestas están empapadas de controversia y revelan un drama silencioso que debería preocuparnos, pero no al estilo alarmista que algunos podrían desear.
Uno se pregunta por qué tan poco se discute este tema, pero la verdad es que siempre hay grupos con agendas que prefieren dirigir el foco de atención hacia cosas menos importantes. Ciertamente, proteger el medioambiente debería estar en nuestra agenda, pero no necesitamos pintarlo de color verde fluorescente solo porque Twitter lo diga. La miel, ese dulce manjar que enriquece desde un té de limón hasta un postre gourmet, está en crisis precisamente porque a nadie le interesa discutir los verdaderos culpables. Las abejas no se están muriendo solamente por falta de flores, sino por el efecto combinado de muchos factores, algunos de los cuales estos ideólogos verdes prefieren no mencionar.
Hablamos del uso excesivo e irracional de pesticidas, sí, pero además vemos problemas en prácticas agrarias que por generaciones han sido intocables: monocultivos irresponsables, sobreexplotación de tierras, y claro, los dichosos transgénicos que vuelven loca a todo la progresía cuando esas mismas cosechas se están usando para alimentar a miles que de otro modo morirían de hambre. Pero la conexión rara vez se hace porque, por supuesto, es más popular ser parte de una cultura de "cancelación de pesticidas" que realmente entender de dónde viene nuestra comida.
"La Miel Está Muerta" hace un esfuerzo por revelarnos detalles incómodos que todos deberíamos tener presente. Las abejas no solo mueren. Están siendo asesinadas en un sistema que debería protegerlas. Y para quien le importa lo que realmente le llega al plato, es hora de despertar. Aún así, armar una guerra entre ambientalistas y productores no va a arreglar a estas pequeñas obreras. Necesitamos más soluciones y menos eslóganes. El documental sugiere un cambio necesario, pero lo hace con un enfoque que nos deja a la espera de un líder, alguien que maneje la ejecución de políticas bien pensadas y no sólo el eco de opiniones vacías.
Y no nos engañemos pensando que los que están buscando enriquecimiento a costas de otros no están muy cómodos en sus sillones, sabiendo que la narrativa de "salvemos al planeta" les está dejando un buen beneficio. Mientras tanto, los agricultores deben soportar el peso de ser demonizados por prácticas que están enraizadas en nuestra cultura desde hace años. Resolver esta crisis no solo tiene que ver con dejar de usar un producto u otro, sino con entender el paisaje complejo en el que estas maravillosas abejas operan.
Nos vendieron la idea de que con solo cambiar a energías limpias, o eliminando todos los pesticidas, tendríamos un mundo mejor—lo que siempre suena bien en papel, pero es una verdad a medias. Para cambiar el destino de nuestras abejas, no basta con buenos deseos o campañas en redes sociales; se precisa un plan serio e integrado que acepte ciertas verdades difíciles. Y esas verdades no son justamente las que algunos grupos quieren que usted sepa.
Puede que el documental no sea perfecto, pero hace lo que debe: incomodar, plantear preguntas y, si era su intención, molestar a algunos. Nos recuerda que lejos de una agenda políticamente calculada, la comida y todo lo que sobrevuela sobre cada flor necesita redescubrir su importancia real, desligada de la etiqueta de "salvación medioambiental". Lástima que más de uno de esos liberales prefiera ignorar los efectos perniciosos del exceso de burocracia y poses seudointeligentes.
Aquí es donde el verdadero trabajo debe empezar, en la mente de cada uno que vea "La Miel Está Muerta" y se atreva a cuestionar la narrativa que le han vendido hasta ahora. Es mucho más fácil lanzar el grito al cielo y exigir cambios inmediatos que realmente considerar qué es lo que está fallando en el sistema. Replantear estas cuestiones y atenerse a los hechos podría ser el primer paso hacia devolver a la miel su verdadera esencia y salvar a nuestros diminutos aliados alados.