Si creías que las películas antiguas eran aburridas, es probable que no hayas visto 'La fuga', la obra maestra cinematográfica de 1937. Esta película argentina, dirigida por Luis Saslavsky, no solo es un hito en la historia del cine hispanoamericano, sino que además es una pieza que desafía la narrativa progresista de Hollywood en todos los sentidos. Basada en la obra de teatro homónima de Robert de Flers y Gaston Arman de Caillavet, 'La fuga' narra una apasionante historia de amor imposible y conflicto moral en Buenos Aires, durante unos años que cambiaron la faz del mundo.
Hablemos primero del contexto. 'La fuga' se filmó en una época donde la industria del cine en Argentina comenzaba a afirmarse. En 1933, Argentina se encontraba inmersa en una gran agitación social y política, con el estallido de movimientos obreros y cambios de gobierno constantes. Sin embargo, a diferencia de la producción cinematográfica de Estados Unidos, que empezaba a coquetear con ideologías orientadas hacia una falsa equidad, en Argentina se aprecian trabajos que hablan de valores tradicionales disponibles para quien esté dispuesto a mirar.
El director Luis Saslavsky, con un enfoque claro y comprometido, decidió que su adaptación de 'La fuga' iba a reflejar de manera auténtica la metáfora del amor verdadero enfrentado a las fuerzas adversas. Protagonizada por Santiago Arrieta y Tita Merello, la película alcanza niveles sorprendentes de actuación y autenticidad. En esta época de romanticismo desenfrenado, no encontrarás una historia que enseñe más poderosamente la importancia de enfrentar nuestras dificultades de cara.
Los temas que abordan la película no son para los débiles de corazón. Cualquiera que lo vea se sorprenderá de la profundidad de las tramas de redención, sobre honrar tus promesas y valores, y por supuesto, el enfrentamiento de la irracionalidad del deseo. No es una película que venga con una etiqueta de advertencia sobre el contenido explícito pero su peso emocional desafía al espectador a reflexionar sobre lo esencial de la vida.
La vídeografía y la música de 'La fuga' resuenan con un sentimiento de nostalgia que atrae a los amantes del cine clásico y despierta un sentimiento que trasciende los tiempos. Los liberales de hoy que definen toda obra romántica como una fantasía retrógrada claramente no han entendido que las historias auténticas como ésta se trataban de ilustrar los límites naturales y permanentes que el amor debe confrontar.
El legado de 'La fuga' no puede subestimarse. Desde el enfoque artístico hasta las duraderas implicancias de su mensaje, esta película no solo ofrece una escapatoria al fragor de la lucha ideológica moderna, sino que presenta una alternativa cultural más sólida y auténtica. En una era donde el entretenimiento parece preferir lo superficial y lo decadente, es un recordatorio de tiempos donde el cine tenía esa calidad perdurable que muchos desean recuperar.
Analizar el impacto de la película en la vida moderna es un ejercicio de nostalgia y crítica a la vez. Las películas de entonces no se hacían para ajustar cuentas con ideologías vigentes; se hacían para contar grandes historias, alabar grandes valores y elevar lo mejor de la humanidad. 'La fuga' nos recuerda que vivimos en una era donde estos mensajes se han trivializado en el altar de un falso progreso.
No es casualidad que muchos de los valores resaltados en este film resuene profundamente aún hoy. Que hoy haya tanta distancia entre lo mostrado por Luis Saslavsky y lo propuesto en la última cartelera de cine en parte explica por qué la industria cinematográfica occidental sigue sumida en una crisis tanto de audiencia como de identidad. Si algo nos deja 'La fuga', es la sencillez profunda de una narrativa que destaca por su humanidad y valor.
Es imperativo que no olvidemos películas como 'La fuga', que nos ensañan la importancia de la moral a través de historias atemporales que, a pesar de las décadas, siguen siendo relevantes. Al final, su mensaje es claro: hay formas de amar que trascienden la política del momento y que perduran a pesar de las modas.