La Forma del Agua: Una Fábula Progresista que No Nos Convenció
En 2017, Guillermo del Toro nos trajo "La Forma del Agua", una película que se estrenó en el Festival de Cine de Venecia y rápidamente se convirtió en la favorita de los críticos. Ambientada en Baltimore durante la Guerra Fría, la historia sigue a Elisa, una mujer muda que trabaja como conserje en un laboratorio secreto del gobierno. Allí, descubre a una criatura anfibia con la que desarrolla una conexión especial. La película fue aclamada por su narrativa visual y su mensaje de aceptación, pero para muchos de nosotros, fue simplemente otra fábula progresista que no logró convencer.
Primero, hablemos de la trama. La historia de amor entre una mujer y una criatura anfibia es, en el mejor de los casos, inverosímil. ¿Realmente necesitamos otra película que nos diga que el amor no tiene barreras? Este tipo de narrativa es un cliché que se ha explotado hasta el cansancio. Además, la película intenta vendernos la idea de que el gobierno es el villano, una táctica que ya hemos visto en innumerables ocasiones. ¿No es hora de que Hollywood encuentre un nuevo antagonista?
Elisa, la protagonista, es presentada como una heroína porque desafía las normas sociales. Sin embargo, su personaje es un ejemplo más de cómo se glorifica la rebeldía sin causa. En lugar de mostrar a una mujer fuerte que lucha por algo tangible, nos presentan a alguien que se enamora de una criatura sin siquiera conocerla. ¿Es esto realmente un ejemplo de empoderamiento femenino?
La película también intenta abordar temas de discriminación y aceptación, pero lo hace de una manera tan obvia que resulta insultante. La inclusión de personajes de diferentes razas y orientaciones sexuales parece más un intento de cumplir con una lista de verificación que una representación genuina. En lugar de crear personajes complejos y bien desarrollados, se nos da una serie de estereotipos que no aportan nada nuevo al debate sobre la diversidad.
El diseño de producción y la cinematografía son, sin duda, impresionantes. Sin embargo, no podemos dejar que los efectos visuales nos distraigan de una narrativa que carece de profundidad. La película se centra tanto en su estética que olvida desarrollar una historia que realmente resuene con el público. Es como si del Toro hubiera decidido que la belleza visual es suficiente para compensar una trama débil.
La música, compuesta por Alexandre Desplat, es otro aspecto que ha sido elogiado. Pero, ¿realmente necesitamos una banda sonora melancólica para recordarnos que estamos viendo una historia de amor imposible? La música debería complementar la narrativa, no ser un sustituto de ella.
Finalmente, el mensaje de la película es claro: debemos aceptar a los que son diferentes. Pero este mensaje, aunque noble, se presenta de una manera tan simplista que pierde su impacto. En lugar de ofrecer una reflexión profunda sobre la aceptación y la diversidad, "La Forma del Agua" nos da una lección moral que hemos escuchado una y otra vez.
En resumen, "La Forma del Agua" es una película que, a pesar de su éxito crítico, no logra ofrecer nada nuevo. Es una fábula progresista que se centra más en su estética que en su contenido. Para aquellos de nosotros que buscamos una narrativa que desafíe nuestras percepciones y nos haga pensar, esta película simplemente no cumple.