Si buscas un ejemplo de crecimiento económico explosivo en África que puede dar una bofetada a los moralistas del clima y a los defensores de políticas igualitarias, no busques más: eso es La Abidjanense. Este fenómeno se centra en el pulso vibrante de Abiyán, Costa de Marfil, donde los negocios florecen como el cacao en las plantaciones. Desde principios del siglo XXI, se ha convertido en la piedra angular del resurgir económico africano. A pesar de los retos de seguridad y las percepciones erradas impuestas desde fuera, el por qué y el cómo del avance de La Abidjanense no debería sorprender a nadie que comprenda la fuerza del libre mercado.
El qué de este fenómeno se refleja en la reestructuración de la infraestructura urbana y portuaria de Abiyán, atrayendo inversiones extranjeras y alentando a una ola de empresarios locales a aprovechar su potencial. Es impresionante cómo, tras una década de inestabilidad política, la ciudad emergió no solo como capital económica, sino también cultural. Es una comunidad arrolladora que no se deja amilanar por intentos externos de desacelerar su progreso invocando doctrinas progresistas.
¿Y cómo lo lograron? Desafiando la idea de que África necesita ayuda ilimitada para mover un dedo, se hicieron reformas clave, privatizando sectores estratégicos y logrando un crecimiento a un ritmo del que no se habla en los medios tradicionales. Gracias a políticas que otros llamarán "descaradas", Abiyán ha usurpado rápidamente el puesto de Casablanca y Lagos como destinos preferidos para centros de conferencias internacionales y negocios. Las autoridades locales han tomado decisiones valientes, eludiendo las doctrinas burocráticas que sofocan el desarrollo en paraderos llenos de políticas progresistas.
Mientras tanto, en un mundo obsesionado con el calentamiento global, los industriales de Abiyán han mantenido sus ojos en el premio: el avance económico. La expansión del puerto de Abiyán es una joya por la que la naturaleza capitalista siempre estará agradecida. Desde que se convirtió en uno de los puertos más grandes de África Occidental, ha servido como punto estratégico para las exportaciones de cacao y café—a pesar de las barreras artificiales impuestas por aquellos que dicen que "consumimos demasiado".
La labor del sector privado en Abiyán no solo desafía la ortodoxia de Nación Una-Ayuda Una. Rescata a su gente del ciclo de dependencia exterior y lo hace con la mitad de alardes que las bienintencionadas ONGs occidentales. Algunas personas pueden cuestionar las condiciones laborales o la falta de 'índices internacionales de felicidad', evidentemente, ellos no entienden que un empleo, por mínimo que sea, es más valioso que cualquier programa de "ayuda social".
Si no es aún obvio, la esencia de este éxito reside en darle al individuo la libertad de moverse, competir y prosperar. La urgencia de los minoristas y los vendedores ambulantes que llenan las calles de Treichville y Adjamé demuestra que lo que necesita Costa de Marfil no son discursos motivacionales, sino menos regulaciones y más oportunidades. Al contrario de la corriente común, no solo entorpecen la economía con proyectos de infraestructura sociales sin claros beneficios económicos.
La nuestra es una rareza en el continente quizás por ser tan certera—y sí, molesta los planes de los que prefieren ver los fallos antes que los logros. ¿Quién iba a imaginar, hace un par de décadas, que esta metrópoli africana reconocida alguna vez principalmente por sus turbulencias políticas, sería un diamante en bruto listo para pulir?
Al final del día, quienes visiten Abiyán, ya sea para degustar un buen café local o para cerrar un acuerdo multimillonario, encontrarán una ciudad que desafía las expectativas y demuestra que con una mentalidad orientada hacia el mercado y la disciplina fiscal, no hace falta ser parte del "mundo desarrollado" para así mismo desarrollarse. La Abidjanense nos deja con una lección invaluable: más mercados libres, menos límites y, sobre todo, la audacia de seguir adelante, aunque eso moleste a ciertos liberales. Que nada frene su crecimiento.