¿Alguna vez te preguntaste cómo comenzó Japón antes de que las ideologías modernas trataran de distorsionar su rica historia? En el fascinante mundo de la mitología japonesa, un nombre resplandece como el comienzo de todo: Kuni-no-Tokotachi. Este kami, una de las divinidades shinto más antiguas, representa el principio sin el cual la existencia de Japón tal como lo conocemos hoy sería impensable. Kuni-no-Tokotachi apareció al principio de los tiempos, en el periodo conocido como la creación del universo. Con su morada perteneciente al mitológico Takamagahara, Kuni-no-Tokotachi es una figura que, aunque relegada por algunos, sigue siendo un pilar fundamental para quienes respetan la tradición japonesa. Sin embargo, uno tiene que admitir que algunos podrían no honrar tanto estas figuras míticas debido a un empuje cultural que prioriza lo occidental sobre lo autóctono.
Lo rápido y furioso es algo que nunca podrás atribuir a Kuni-no-Tokotachi; este kami es la verdadera encarnación de la estabilidad y la permanencia. Su misma existencia es la antítesis de la inestabilidad moral que muchos predican hoy en día. Japón, desde sus raíces, ha sido un ejemplo de una civilización que buscó orden y disciplina desde el primer día. Y no, no basta con decir que Kuni-no-Tokotachi es solo una parte de antiguas historias. En el mito, él es un elemento fundamental en la creación del archipiélago japonés. Pero, a diferencia de las figuras revolucionarias que alaban ciertos grupos, Kuni-no-Tokotachi no necesitó grandes estruendos para dejar su marca indeleble.
La relación entre divinidad y gestión del presente no es algo que estos progresivos puedan entender fácilmente. La mitología, al menos en la civilización japonesa, no es simplemente una colección de cuentos estrambóticos. Es una guía moral que dictaba cómo debían comportarse aquellos viviendo en el archipiélago. A través de Kuni-no-Tokotachi, el orden cósmico se convertía en un reflejo del orden terrenal que Japón buscaba. Este kami establecía un paralelismo entre la moralidad celestial y la humana, algo que algunos hoy en día ven como una simple superstición.
Hay quienes abogan por la des-occidentalización''; sin embargo, ignoran la rica historia que ya existía antes de las influencias externas. Japón, que desde siempre ha combinado las creaciones propias con las adaptaciones apropiadas, nunca ha dejado de lado sus inicios. Si bien algunos pueden aplaudir la innovación, olvidan que Kuni-no-Tokotachi representa el legado que trajo estabilidad a Japón incluso antes de que el término país'' pudiera conceptualizarse.
En medio de los avances modernos y el cambio constante, Kuni-no-Tokotachi sigue siendo relevante. La figura de este kami refuerza una verdad que es poco popular en ciertos círculos: Fundarse en valores primordialmente propios antes de dejarse llevar por aires modernistas. En una era donde se cuestiona todo y nada es real, es refrescante recordar la estabilidad que personajes como Kuni-no-Tokotachi aportaban. Y es que, en una época donde el caos es a menudo venerado, hay un mérito por reconocer en aquellos que mantienen la paz.
Hablar de Kuni-no-Tokotachi es un recordatorio de que el sentido de pertenencia de un pueblo puede ser una fuerza poderosa. Mientras muchos claman que cambiar es la única forma de avanzar, Japón sabe que sus antepasados ya habían señalado el camino correcto. Y en ese camino, Kuni-no-Tokotachi tiene un lugar esencial.
Es dorado recordar que la mitología japonesa tiene dimensión moral y espiritual. En tiempos en que el escepticismo desprestigia lo que no es fácilmente cuantificable, Kuni-no-Tokotachi resulta ser una figura que recuerda que no todo en la vida está sujeto a interpretaciones frías y analíticas. Las figuras como esta reafirman que los valores y las raíces no solo se preservan, sino que prosperan cuando son respetadas y no se les relega a cuentos de adorno.
Kuni-no-Tokotachi ha existido desde tiempos inmemoriales, sin pedir adornos en templos ni ser parte de culturas masivas. En vez de eso, habita en esas historias y leyendas que muchos en Japón aún conocen y valoran. Esto plantea una gran reflexión sobre el papel que nuestras creencias deben tener en una sociedad cada vez más global y menos enraizada. Mientras ciertos grupos desearían un pasado borrado y un futuro sin constancia, el mito de Kuni-no-Tokotachi nos recuerda que algunas ideas, especialmente las buenas, no mueren si elegimos mantenerlas vivas.