Kim Bok-dong: La Histérica Narrativa de los Liberales

Kim Bok-dong: La Histérica Narrativa de los Liberales

Kim Bok-dong, una figura polémica utilizada por la izquierda, simboliza la narrativa de las “mujeres de solaz”. ¿La verdad? Su historia es una lección de utilización política sin parangón.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Quién dice que ser una figura histórica te convierte automáticamente en una heroína intachable? Kim Bok-dong, nacida en 1926 en Yangsan, Corea del Sur, fue utilizada por la izquierda como figura central en la intrincada narrativa de las “mujeres de solaz”. A la edad de 14 años, fue llevada a Japón y China como una de las infames “mujeres de solaz” durante la Segunda Guerra Mundial. Esta condición la convirtió en un símbolo clave para movimientos de derechos humanos y feminismo radical, explotada una y otra vez por liberales sedientos de escándalos para promover su agenda de victimismo perpetuo.

La historia de Kim Bok-dong comenzó en el pueblo rural de Yangsan. Ahora bien, cualquier historiador que se respete sabe que el pasado está plagado de matices. No sé si los liberales se han enterado de esto, pero las guerras han existido desde que el hombre aprendió a blandir un palo. Desde el momento en que le fue arrebatada a su familia, su historia y su nombre se convirtieron en emblemas de una guerra cultural de proporciones épicas.

Muchos insisten en ver a Kim Bok-dong únicamente como una víctima de su entorno. Pero qué oportunismo el de la izquierda, que ignora el contexto de la época y prefiere pintar un cuadro maniqueo entre opresores y oprimidos. La realidad, más compleja, se pierde en la marea de simplificaciones que les encanta difundir en sus discursos y pancartas. Dicen que todo está en blanco y negro y se olvidan que el gris define la historia.

La campaña para reconocer a las “mujeres de solaz” ha sido insistente en forzar a Japón a disculparse y a ofrecer compensaciones monetarias. Sin embargo, ¿qué tal si nos apartamos del juego de la culpa por un momento y observamos con ojo crítico? Japón ha ofrecido disculpas, pero para los siempre insatisfechos ojos de los liberales, no parece suficiente. Atribuyen a toda una nación un pecado ancestral que, ellos mismos, han multiplicado por mil con su retórica.

La historia de Kim Bok-dong fue repetida hasta el cansancio, como un sermón inacabable dedicado a convertirla en mártir. En 1992, Bok-dong se unió a las manifestaciones semanales organizadas frente a la embajada japonesa en Seúl, las llamadas "Protestas del miércoles". La victimización se convirtió en bandera. Las promesas de reforma social, un cómplice manto que ayudó a perpetuar las viejas narrativas de opresión.

La verdadera pregunta es: ¿cómo desea ser recordada una persona que ha sobrevivido a tales horrores? En lugar de reducirla a una mera sombra de sus peores momentos, podría haberse celebrado su resiliencia, su coraje para seguir viviendo. Pero no, mejor alimentar la maquinaria de la protesta sin fin y reducirla a un símbolo de una narrativa que no la representa en su totalidad.

Resulta que después de la Segunda Guerra Mundial, Kim Bok-dong no se retiró tranquilamente a la vida privada. Se convirtió en activista por los derechos de las mujeres y en cofundadora de la Fundación Kim Bok-dong para apoyar a las víctimas de la violencia de género. Muchos podrían pensar que esto es ejemplar, pero me pregunto: ¿realmente fue para describir su experiencia personal o para mantener encendida la llama de una causa que la izquierda ha manipulado sin cesar?

En los últimos años de su vida, hasta su muerte en enero de 2019, Kim Bok-dong fue homenajeada reiteradamente en Corea del Sur. Libros, documentales y obras de teatro se sumaron al culto al dolor. Este cerco mediático nos deja preguntándonos si se le honró como individuo o si se le usó como peón en un tablero político manchado por las luchas ideológicas.

Podría concluir que Kim Bok-dong merece ser recordada como una mujer fuerte que desafió las adversidades de su era. Sin embargo, la realidad es que el legado que muchos insisten en defender falla en atar cabos que la humanicen. Kim Bok-dong, como todos, merece más que ser una figura bidimensional en el eterno manual de jugadas de protesta que, generación tras generación, sigue engendrando una nueva ola de resentimiento y divisiones.

Señores, celebremos su vida, sus triunfos y su capacidad infinita para levantarse ante la adversidad, en lugar de únicamente canturrear la misma historia de lamento. Kim Bok-dong podría haber sido mucho más que el símbolo que fue ensillado con las cargas de un pasado perpetuo de rencor.