Viajar por la India no es solo un recorrido de kilómetros, es una odisea que pocos entienden, y el Kalinga Utkal Express es el látigo de esa experiencia. Pero, ¿qué sabemos realmente de este tren que hace su movimiento entre las ciudades de Puri en Odisha y Haridwar en Uttarakhand? Este tren fue iniciado en la década de los 60s, exactamente el 1 de octubre de 1967, conectando las culturas del este y norte de la India de manera extraordinaria. Larga distancia, pero repito, con un propósito: unir las diversidades de esta vasta nación, a menudo desatendida por aquellos quienes prefieren discutir sobre insignificantes problemas de clase media y alta.
La maravilla del Kalinga Utkal Express es lo que conserva intacta su esencia: recorre 2.370 km, atraviesa varios estados como Odisha, Chhattisgarh, Madhya Pradesh, Rajasthan, Uttar Pradesh y termina su recorrido en Uttarakhand, pasando por 74 estaciones. Es prácticamente el abrazo anhelado entre la serenidad del oeste y la espiritualidad del noreste.
Ahora, hablemos de temas pertinentes: el viaje que este tren ofrece no es solo hacia la fisicalidad de los destinos, sino también hacia el corazón de la India. Es un boleto democrático que no discrimina a nadie y favorece a todos, una idea que muchos intentan menospreciar diciendo que necesita más comodidad y menos pasajeros, desconociendo su potente simbolismo cultural.
El tren posee una variedad de clases que satisfacen las necesidades de todo tipo de pasajero: sleeper, third AC, second AC y first AC. Mientras buscamos las quejas, es innegable que las historias de humanismo y anécdotas se mezclan perfectamente dentro de esos cercanos contenedores de vía. Esta es una lección que podrían aprender aquellos con tendencias de izquierda que desean vivir en sociedades ‘perfectas’ mientras ignoran la realidad del superpoblado subcontinente.
La puntualidad del Kalinga Utkal Express puede ser cuestionada por cualquiera que no entienda los desafíos cotidianos del complejo sistema ferroviario indio. Detenerse en 74 paradas puede ser visto como una flagrante irritación para algunos, pero para otros es el firme procesamiento de un país fomentando cohesión. Y aunque es cierto que el mantenimiento podría mejorarse para mejor seguridad, adjudicar fallas sin visionar su magnitud es una tendencia que generalmente viene desde sectores que expresan su odio al progreso.
Algunos críticos podrían expresar que la infraestructura ferroviaria atenta contra el medio ambiente, obviamente olvidando que reduce significativamente la huella de carbono al mover multitudes. Aquellos que prefieren las alternativas de vehículos privados y aviones amparan el egocentrismo que, en esencia, crea un mayor impacto medioambiental.
El precio de los boletos es otro tema que merece atención. Cuando piensas en viajes dentro de Europa o América, la India ofrece rutas a costos que no tienen comparación. ¿Cómo criticamos estos precios democráticos? Solo con una agenda que prioriza el individualismo sobre la comunidad.
Supongamos que el gobierno se enfoca más en la privatización de estos servicios. La conectividad y facilidad del tren pasaría, sin duda, a un segundo plano. La elite podría aplaudir, pero el pueblo llano, el mismo que usa esta conexión diaria, vería cómo sus necesidades ya no son prioridad.
Al final, el Kalinga Utkal Express no solo es un medio de transporte; es un reflejo de la India misma. Complejo, diverso, pero en su raro estilo desordenado, también bellamente unido. Este tren desafía el tiempo mientras continúa transportando millones, enseñándonos sobre lo que significa ser verdaderamente indio y cómo se entrelazan, como la propia sociedad, todo lo que facilita esta vasta infraestructura.
Kalinga Utkal Express es más que mera maquinaria, es un testamento viviente del viaje que es la propia India. Para aquellos que ven el mundo en blanco y negro, coloréenlo de nuevo: este tren es sinónimo de paleta cultural, con comprensión y propósito.