Si crees que los conservadores no pueden causar revuelo en el Europarlamento, deberías conocer a Julie Girling. Esta política británica, nacida el 21 de diciembre de 1956, ha tenido una carrera llena de sorpresas y audacia. Originalmente miembro del Partido Conservador, fue eurodiputada del Parlamento Europeo desde 2009 hasta 2019. Representó a la región del Suroeste de Inglaterra, y vaya que hizo todo lo posible para que su voz fuera escuchada.
Girling es famosa por su habilidad para desafiar el status quo. En 2017, cuando parecía que el orden establecido dentro de los conservadores británicos estaba tallado en piedra, Girling no quiso seguir líneas opacas y decidió abogar, sorprendentemente, por permanecer en la Unión Europea. Su postura hizo volar chispas en un ambiente politiquero donde la lealtad al Brexit era casi religiosa. Quizás por eso decidió unirse al grupo parlamentario de Renew Europe, un conglomerado liberal, al final de su carrera. Ya que parece que no le temía al escándalo.
Una de las ironías más grandes en su carrera fue su enfoque en la ecología. ¿Conservadores que se preocupan por el medio ambiente? No es la narrativa común que quieren escuchar quienes creen que el planeta es secundario. Pero Girling siempre sostuvo que el desarrollo económico y la sostenibilidad ambiental son dos caras de la misma moneda. No es sorpresa que los debates que generó en el Parlamento Europeo capturaran la atención de propios y extraños, obligando a muchos a plantearse si tal vez la cuestión climática no era un exclusivo dominio progresista.
Sin embargo, no solo por posturas y cambios de bandos queda grabada su marca. Derrochó interés por ensanchar el diálogo político hacia temas urgentes, como la política climática y la protección de los derechos de los animales. Fue capaz de utilizar su papel parlamentario para traer luz a problemáticas cuyos abordajes suelen quedar en el olvido cuando el foco es la agenda económica o la seguridad nacional. Fue una voz incómoda para quienes preferían no mirar más allá de estas cuestiones.
Los detractores pueden querer verla como una traidora por romper el molde conservador y terminar coqueteando con agendas que los dogmáticos podrían etiquetar como 'liberales'. Sin embargo, es posible que lo que realmente nos moleste sea su capacidad de pensar fuera de las etiquetas políticas habituales que dividen más que unifican. A pesar de que algunos colegas del conservadurismo no apoyaron su enfoque, sí hay un respeto general por su valentía al desafiar narrativas únicas.
En 2018, Julie Girling se destacó una vez más al decidir convertirse en una eurodiputada independiente. Este movimiento una vez más dejó a muchos boquiabiertos y capturó titulares con la misma intensidad que lo haría un cambio sísmico en la política británica. Aunque en el corazón del conservadurismo, algo en sus principios ya no resonaba con el Brexit desenfrenado ni con una política de puertas adentro.
Desde que dejó el Parlamento, sigue actuando para ampliar las conversaciones que acostumbran quedarse en dos bandos polarizados. Girling ha demostrado que ser conservador no significa ser inflexible ni indiferente a los problemas urgentes que enfrentamos como sociedad global. Al contrario, su carrera es un recordatorio importante de que el cambio y la adaptabilidad son inevitablemente más potentes que brincar de slogan en slogan sin soluciones concretas.
Ahora, tal vez te preguntes por qué la derecha podría estar orgullosa de Julie Girling, y la respuesta es simple: ella representa una faceta de lo que verdaderamente significa ser un pensador independiente. Sirvió como un precedente de que al final del día, los políticos deben sostener posiciones que resuenen con su conciencia antes que con la tribu a la que pertenecen. Y, al dar ejemplo de ello, Girling nos muestra que la diversidad dentro de un pensamiento conservador puede enriquecer más que diluir las metas comunes.