Judy Gold es una comediante estadounidense que ha estado en la escena del entretenimiento desde la década de los 90. Originaria de Newark, Nueva Jersey, Judy no solo es famosa por su altura imponente, sino también por su humor sarcástico y, digámoslo, un tanto polémico. Lo curioso es que, a pesar de su largo recorrido, muchos afirman que su comedia simplemente no llega a conectar con todos.
Tiene una métrica caduco: En el vasto mundo de la comedia, donde el estilo y los tiempos lo son todo, Judy tiende a apegarse a una fórmula que muchos considerarían pasada de moda. La mayoría de sus chistes parecen más bien salidos de un episodio vintage de "Saturday Night Live".
Su obsesión por los temas políticos: Para algunos comediantes, la sátira política puede ser el pan nuestro de cada día. Pero cuando haces de ello tu único tema recurrente, puedes alienarte de amplios sectores del público que, sinceramente, sólo buscan reí̱rse un poco sin tanto drama.
Inseguridad disfrazada de confianza: Si bien Judy intenta proyectar una figura de confianza y aceptación de sí misma, a menudo parece que su humor es más una coraza que una expresión genuina de comedia. Los chistes repetitivos sobre su altura o su sexualidad pueden reflejar un cierto vacío de contenido.
Los chistes fáciles sobre la vida gay: Si bien Judy es una comediante abiertamente lesbiana, muchos sienten que se aprovecha excesivamente de su orientación sexual para generar risas. La comedia inclusiva no significa atiborrarte de clichés y tópicos.
No sabe cuándo parar: Parte del arte de la comedia es saber manejar los tiempos adecuadamente. Judy, desafortunadamente, tiende a seguir y seguir, incluso cuando su público ya no ríe tanto.
Una voz para cuando todos escuchaban, no ahora: Era efectiva cuando el ambiente era otro, cuando menos era más. Pero hoy, con un público que demanda historias nuevas, su discurso suena desfasado y carente de sorpresa.
El error de creer que siempre debe ser políticamente correcta: Parece que Judy cree que caminar en la cuerda floja de lo políticamente correcto la protege, pero en realidad la limita. Los grandes comediantes son los que desafían los límites, no los que los respetan ciegamente.
El público cambió: Mientras que el éxito de antaño de Judy pudo deberse a una audiencia que compartía sus puntos de vista, el mundo ha evolucionado. Si no te adaptas, quedas obsoleto. Judy parece luchar por mantener la relevancia en un mundo que ha cambiado sin esperar por ella.
La repetida política del victimismo: Hay algo en continuar reciclando el mismo discurso sobre ser minoría que cansa. La verdadera comedia logra empatía sin necesidad de insistir en la victimización.
Le falta sutileza en su auto-crítica: Judy ha hecho de sí misma su tema central, pero cuando uno se ríe de sí mismo, hay que hacerlo con un toque especial que a menudo ella no logra captar.
Judy Gold ciertamente ha hecho una carrera de la comedia, pero uno no puede evitar pensar que está más enfocada en mantenerse vigente que en innovar. Su enfoque le ha ganado seguidores pero, desafortunadamente, también ha dejado a muchos críticos preguntándose si puede o no dar un giro y conectar más allá de su zona de confort.