Hay una melodía discordante en las calles: "Joven & Haciendo Desorden". Esta frase se ha convertido en el lema de una generación que parece haber adoptado el desorden como modo de vida. Estamos hablando de esos jóvenes de hoy, especialmente latinos, que se pasean por las ciudades, en universidades y manifestaciones, declarando abiertamente su desacuerdo con todo lo que huela a tradición. Son los representantes de una mentalidad que abraza el caos como signo de modernidad. Pero, ¿realmente está contribuyendo esta actitud joven a un cambio positivo? La respuesta, según muchos conservadores, es un rotundo no.
Lo que realmente está pasando es que los jóvenes han caído en la trampa de un descontento perpetuo e infinito. En lugar de buscar soluciones reales a los problemas, prefieren destruir las normas establecidas. ¿Producto de qué? Básicamente de un bombardeo constante de ideologías progresistas que les hacen creer que el verdadero avance es romper con cualquier principio que venga del pasado. ¡Justo lo que necesita una sociedad para autodestruirse! No se detienen a pensar si su "revolución" diaria lleva a alguna parte concreta. Lo único importante es gritar más fuerte que los otros.
Dime qué ganas cuando eres joven y haces desorden sin rumbo. ¿Realmente estás mejorando tu entorno o simplemente estás siendo un peón más en el juego de poderes que no entiendes completamente? La idea de estar "despiertos" y ser socialmente "activos" se desmorona cuando nos damos cuenta que en realidad solo están tocando las trompetas del caos. Se escudan en las redes sociales para propagar sus mensajes sin siquiera analizar las consecuencias. Hashtags aquí y allá, nubes de palabras vacías sin acción verdadera detrás.
Estas generaciones se vanaglorean de ser las más conectadas e informadas, pero no saben que esa misma conectividad está siendo manipulada por grandes corporaciones y agendas globales. "Joven & Haciendo Desorden" no es más que la encarnación moderna de odiar sin saber. Atrás quedaron los días donde se respetaba un debate con fundamentos. Ahora lo que se valora es el ruido, cuanto más desordenado mejor.
Pero no todo es permanente rebelión, a veces el movimiento parece buscar un "cambio": más inclusión aquí, igualdad emancipadora allá. Al final, culminan en ideas que son tan vagas que apenas pueden ser puestas en práctica sin caer en contradicciones lógicas. Los únicos héroes que rescatan son aquellos que validan su postura sin importar lo incoherentes que sean los resultados de sus propuestas.
El desorden que reina hoy no es solo resultado de la juventud impetuosa. También es una consecuencia de los sistemas educativos que han reemplazado el pensamiento crítico con lecciones de ideologías simplistas que enseñan que la ruptura es lo correcto. Esto solo deja a los jóvenes mal preparados para enfrentar el mundo real, un mundo al que se encontrarán pronto sin el soporte de las pancartas y el ruido.
La paradoja es que, en su afán por distanciarse de las generaciones anteriores, esta juventud está simplemente repitiendo el ciclo de arrogancia juvenil que prevalece en los tiempos de cambio social. Eso confirma el viejo adagio de que "la historia se repite". Sin embargo, en este ciclo se arriesgan a perder lo que hace a una sociedad estable: unidad de propósito, valores compartidos y un sentido común.
Una mirada objetiva nos podría hacer pensar que este "Joven & Haciendo Desorden" no es más que una etapa de la vida. Pero cuando la maquinaria creada por estos jóvenes encuentra su camino hacia posiciones de influencia, las consecuencias de estas acciones se hacen sentir en toda la sociedad. Descompone el tejido social, erradicando los principios básicos que han dado estabilidad a nuestras comunidades.
Lo que se necesita es recuperar una juventud que no tenga miedo de las ideas grandes y responsables, que abrace su papel como custodios del futuro sin destruir el presente. No es tarde para volver a donde realmente se construye el carácter: con esfuerzo, disciplina y respeto por aquellos que vinieron antes. Solo así lograremos una sociedad verdaderamente mejor, donde "hacer desorden" no sea la única manera de encontrar significado.