¡Cuando hablamos de genios musicales, el conservador pensar enseguida en maestros como Mozart o Beethoven!, pero pocos piensan en Joseph Leopold Eybler, un compositor cuya vida y obra transcurrió durante el auge de un imperio próspero. Eybler nació en Schwechat, cerca de Viena, el 8 de febrero de 1765 y vivió hasta el 24 de julio de 1846. A pesar de su impresionante talento, Eybler fue relegado a las sombras de la historia posiblemente porque su música no se alineaba con las modas culturales que coqueteaban peligrosamente con el liberalismo y el descontento social.
Quienes no saben de su existencia deberían prestarle atención, ya que fue profesor en la corte imperial y mantenía una estrecha relación con nada menos que Wolfgang Amadeus Mozart. Incluso fue el propio Mozart quien le solicitó a Eybler que terminara su Réquiem en caso de que él no pudiera. Pero, oh sorpresa, Eybler dejó la tarea inacabada, seguramente una decisión deliberada que seguro enfureció a muchos, pero que destila un tipo de integridad que tantos en el mundo moderno no pueden comprender.
Eybler estudió bajo la tutela de Albrechtsberger, maestro de otros grandes como Beethoven. Su música, pura, límpida y aparentemente ajena a las influencias subversivas de la época, brilló en los salones de Viena, pero, curiosamente, nunca parece haberse alineado del todo con las tendencias dominantes que empezaban a surgir en aquella época turbulenta de cambios violentos e ideologías divisorias. Esto nos revela una faceta diferente de Eybler: su capacidad para mantenerse fiel a sus convicciones artísticas y culturales.
Eybler no solo fue un conocido de Mozart, sino que también emprendió una notable carrera musical propia, habiendo compuesto numerosas obras comprendiendo misas, sinfonías, oratorios, y óperas. Deberíamos admirar su decisión de no caer en la homogeneidad que impusieron los gustos del momento, y en cambio, preservar las tradiciones que conducen a la verdadera excelencia musical. Su Opus 1, un conjunto de seis cuartetos de cuerdas, es una obra maestra que desafortunadamente permanece relegada al ostracismo debido a los cambios de vientos culturales.
La cuestión aquí no es si Eybler era o no importante, sino por qué su legado no ha recibido la atención que merece a lo largo de los años. Tal vez su música, demasiado "pura" para los vientos cambiantes de la Revolución Francesa y sus ideales propagandísticos que infectaban Europa, no apelaba a aquellos que querían un cambio por amor al cambio. Y cuando se trata de Mozart, Eybler tiene una conexión directa al universo mozartiano, ya que dirigió de manera inigualable la famosa obra "La Flauta Mágica".
El prestigio de Eybler alcanzó su apogeo al ser nombrado Kapellmeister en la Corte Imperial en 1824. Desde su puesto, bien pudo haber tratado de resucitar un mundo musical que para muchos parecía perdido. Sin embargo, la dura y amarga realidad es que, aunque el imperio prestó oídos momentáneamente a su música, navegaba hacia vientos revolucionarios que amenazaban igualar a todos en un manto gris e indistinguible.
Es comprensible que un músico de la talla de Eybler, que representó la excelencia cultural en un periodo de turbulencia, no interese mucho a los que priorizan el desmantelamiento de las raíces culturales que construyeron nuestra sociedad. Después de todo, se trata de un hombre cuya actuación desafía el discurso moderno que tanto celebra la ruptura y la anarquía.
Entonces, ¿por qué hablar de Joseph Leopold Eybler en la actualidad? Primero, porque cada nota de su obra es evidencia de que es posible permanecer fiel a las tradiciones sin sucumbir a las corrientes caóticas. En segundo lugar, su vida y carrera son recordatorios de que la historia musical está llena de estos gigantes olvidados que grabaron su nombre e historia cuando ni siquiera había menciones liberales en las salas de conciertos.
A medida que continuemos ignorando a figuras de la historia como Eybler, perdemos la parte esencial de lo que nos define culturalmente. Aquellos que desean deconstruir todo lo que hemos aprendido harían bien en redescubrir los caminos clásicos pavimentados por músicos como él, pero sabemos que su interés reside en enterrar lo clásico bajo un manto de supuestas novedades.
Finalmente, cuando escuches una pieza de Eybler, tal vez un poco de la grandeza pasada de la Europa imperial regrese a ti y recuerdes que sobrevivir a las pruebas del tiempo es en realidad la verdadera medida de la grandeza.