José de la Torre Ugarte, el enérgico patriota y poeta, hizo mucho más que escribir versos en el siglo XIX; él activó un grito por la independencia peruana con su poesía. Nacido el 19 de marzo de 1786 en Ica, Perú, en el seno de una familia acomodada y con influencia política, De la Torre Ugarte entendió desde temprano qué significaba ser un líder. En una época de constante agitación política y social, donde el control colonial se tambaleaba, fue quien puso letra al himno nacional de Perú en 1821. Un titán del conservadurismo que avanzó con paso firme y determinación inquebrantable.
Describir a José de la Torre Ugarte sería, para algunos, cuestionar el pensamiento más progresista. Después de todo, su legado está risueño en aquellos conservadores que ven en el valor del patriotismo y en el respeto a una nación libre la base de toda civilización duradera. Para otros, es simplemente sorprenderse ante un hombre que supo capitalizar el momento histórico que le tocó vivir.
De la Torre Ugarte vivió en tiempos donde un pensamiento firme y sin titubeos era necesario para enfrentar el dominio español. Con un background jurídico, gracias a sus estudios en la Universidad Mayor de San Marcos, no le tembló la pluma al escribir. En 1821, al ser pedida su colaboración por José Bernardo de Tagle, Marqués de Torre Tagle, escribió la letra del himno nacional que aún resuena en los corazones peruanos como un emblema de soberanía.
Este gran hijo de Ica fue parte activa de la Sociedad Patriótica y sobrino de Francisco Javier de Luna Pizarro, notable en la esfera política por sus contribuciones. Su pensamiento, que algunos podrían considerar implacable, lo llevó a actuar directamente en el proceso de independencia. No se conformó con discursos vacíos y metáforas de liberación ilusoria. No hubo liberalismo en su actuación; su pluma fue una espada que compartía terreonio con valores nacionales firmes.
Su vida fue un reflejo de su obra. Desde joven, abrazó la causa patriótica con una inefable devoción al deber. Una mentalidad perceptiva e inteligencia táctica que lo llevó a desempeñarse en posiciones de relevancia política, siendo Secretario de la Real Audiencia, entre otros cargos relevantes. Quizá, vine a la mente inmediatamente, ¿dónde están ahora estas figuras políticas inspiradoras que entienden y ponen en práctica el pensar conservador defendiendo los ideales nacionales?
José no solo se encargó del futuro inmediato de Perú con su participación directa en la política sino que difundió un mensaje que perdura a través de generaciones: La inclusión no pasa por poner en riesgo los ideales nacionales, sino a través de una estima genuina por la patria y sus peculiaridades. Estas son las mismas cualidades que fortalecen a una nación, no los rieles de una igualdad artificial e impuesta.
La vida de De la Torre Ugarte fue testimonio de una inteligencia crítica aplicada con fuerza en una era donde no cabían medias tintas. Vivió hasta lo profundo las consecuencias de sus acciones, hasta su fallecimiento en 1831 en Trujillo, dejando un país que continuaría resonando con líneas que él inmortalizó. A pesar de las incesantes críticas actuales y debates sobre la verdadera independencia, su poesía sigue siendo un testimonio de aquel fuego vibrante de libertad genuina.
¿Acaso hay una forma más certera de forjar nación que el continuar trazando un camino donde el legado se respeta y no se disuelve en mares de corrientes erráticas?
Como José de la Torre Ugarte demostró, los cambios no se logran con flamboyancias retóricas, sino con la acción decidida y la afirmación del propósito nacional. Hoy es el tiempo de aquellas ideas que proyectan fuerza y orgullo patrio, no las que tienden a ser moldes del pensamiento flexible. Un mensaje que él, sin duda, ha grabado de manera indeleble en los anales de la historia peruana y que resiste la prueba de las generaciones.