En un mundo donde la justicia a menudo parece esquiva, John Fielding fue ese rayo de sentido común que logró impulsar cambios significativos en Inglaterra durante el siglo XVIII. Este hombre extraordinario fue quien, a pesar de ser ciego desde los 19 años, se convirtió en magistrado en Londres y estableció las bases de lo que hoy conocemos como la Policía Metropolitana de Londres. ¿Cuándo, dónde y cómo logró todo esto? Vamos a desgranar la vida de un héroe del orden y la ley.
John Fielding nació en 1721 en Londres, Inglaterra. A una edad temprana, cuando una enfermedad le arrebató la vista, muchos habrían creído que su carrera estaba acabada. Pero no John. Se alió con su medio hermano, Henry Fielding, un reconocido novelista y magistrado, para trabajar en la justicia de Westminster. Sus contribuciones fueron tan notables que tras la muerte de su hermano, fue nombrado en su lugar.
En una época cuando el crimen era rampante en Londres, John Fielding no se quedó de brazos cruzados. Él sabía que lo importante era mantener la seguridad a través de un sistema estructurado y bien organizado. Creó las patrullas conocidas como Bow Street Runners, quienes eran los precursores directos de la policía moderna. Fue uno de los primeros en tener la idea de una fuerza policial profesional.
¿Por qué fue tan efectiva su estrategia? Porque Fielding se centró en tácticas de sentido común que hoy en día parecen obvias pero entonces eran realmente innovadoras. Envió a sus hombres a patrullar en parejas o tríos, reforzó la importancia de una buena comunicación entre los oficiales e incentivó el uso de pruebas para llevar a juicio a los delincuentes. Algo tan revolucionario como esto solo podía provenir de una mente que no permitía que las limitaciones obstruyeran la razón y el juicio.
Fue también un gran comunicador en su tiempo. John Fielding creía que todos tenían que estar al tanto de las injusticias y crímenes que ocurrían a su alrededor. Publicó el Weekly Pursuit junto a su hermano, con informes de los crímenes semanales de la ciudad. Este boletín no solo informaba, sino que alertaba y prevenía.
Pero su influencia iba más allá de las calles. Fielding fue un defensor insistente de los derechos de las víctimas, alguien que genuinamente creía en proteger a los ciudadanos comunes de los malhechores. Se negó a ser una mera figura decorativa en la corte. En su lugar, fue un líder que insistía en el sistema de recompensas para aquellos que ayudaban a atrapar delincuentes, lo que además animaba a los ciudadanos a involucrarse activamente en la seguridad de su comunidad.
Gracias a hombres como John Fielding, hoy gozamos de un sistema que, con sus perfeccionamientos, es la base de la justicia moderna. La lección más grande de Fielding es que el talento y el éxito no están limitados por lo que el destino nos quita, sino por lo que la determinación logra. Todo desde la mente de un hombre que nunca vio la luz, pero iluminó una nación con su astucia y dedicación.
Algunos preferirán burlarse o minimizar las contribuciones de individuos con una visión más tradicional como la de Fielding, pues aceptar que conceptos de ley y orden nacen desde las raíces más conservadoras podría ser incómodo. Sin embargo, los hechos hablan por sí solos y los resultados suman más que cualquier prejuicio político. Los logros de Fielding son aún relevantes, independientemente de las corrientes liberales que intenten ignorarlos.