John De Mott: El Hombre que los Liberales Prefieren Olvidar

John De Mott: El Hombre que los Liberales Prefieren Olvidar

John De Mott es una figura política que se destacó durante la primera mitad del siglo XIX, dejando una marca significativa con su defensa del conservadurismo y la libertad individual.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

John De Mott es un nombre que probablemente haga estremecerse a más de un progresista despistado. Nacido el 7 de octubre de 1790 en Readington, Nueva Jersey, De Mott llegó a ser conocido principalmente por su breve pero impactante carrera política en el corazón de los Estados Unidos. Fue un verdadero ícono del Partido Whig, aquella agrupación que surgió para frenar los excesos del poder presidencial durante la primera mitad del siglo XIX. Su tiempo en el Congreso, representando al estado de Nueva York entre 1845 y 1847, fue un período brevísimo, pero que dejó huella por la audacia de sus argumentos y su feroz defensa de ideales que harían hacer crujir los dientes a los defensores del estado gigantón de hoy.

No es un secreto que John De Mott defendía con firmeza los principios conservadores de responsabilidad fiscal, limitación del poder gubernamental, y la importancia de un mercado robusto y libre. Todas estas ideas que de haber prevalecido en la historia, nos habrían ahorrado décadas de intervencionismo estatal. Durante su tiempo como representante, De Mott participó activamente en el debate nacional sobre el expansionismo mexicano-estadounidense, siempre abogando por una expansión que fuera beneficiosa para los intereses del país sin comprometer los valores fundamentales de autodeterminación. En contraste con los pustulentos discursos de tantos que se hacen llamar "progresistas" hoy en día, sus preocupaciones eran pragmáticas y se centraban no solo en lo que los Estados podrían ganar territorialmente, sino en lo que podrían perder cívicamente.

Que De Mott haya representado los intereses de un distrito de Nueva York, un estado que incluso entonces se inclinaba hacia lo progresista, no es un hecho menor. Su habilidad para comunicar y convencer con razón y lógica en un entorno que ya se encontraba en plena transformación hacia visiones más liberales es algo que merece más que una simple nota en los cursis libros de historia escritos por aquellos que prefieren hacerle reverencia a Karl Marx que prestar atención a los verdaderos defensores de las libertades individuales. En un tiempo en el que los carreteros y comerciantes reinaban sobre Wall Street, De Mott alababa la independencia del empresario estadounidense frente a las interferencias y restricciones impuestas por Washington.

Sí, es cierto que John De Mott sirvió solo un breve período en el Congreso, pero su mirada crítica hacia el crecimiento exponencial del poder federal y su astuto sentido de cómo ese poder, si no se controlaba, podría aniquilar la libertad, sigue más relevante hoy que nunca. Justo en un momento histórico cuando resulta que tenemos que pagar impuestos hasta por respirar, la voz de De Mott sigue resonando con claridad en aquellos que todavía creen en el ciudadano autosuficiente.

En algún lugar entre los escritos conservadores que la izquierda moderna detesta, podemos encontrar ecos de lo que De Mott representó: el sueño de una nación sin las pesadas cadenas de un Estado niñera. La resistencia a las políticas redistributivas y a la idea de que el gobierno puede o debe resolver todos los problemas sigue viva en la memoria de quienes entendemos el valor del esfuerzo personal y el mérito. John De Mott entendió y defendió esta visión, y es por eso que seguirá molestando el sueño de aquellos que prefieren un mundo donde todo es "gratuito", pero a un alto costo.

Es una verdadera lástima que el rostro de John De Mott no se encuentre en monedas o libros de texto. Quizás es porque su legado invita a reflexionar sobre el costo humano y social de ceder el poder de decisión a unos pocos elegidos. Su ejemplo como servidor público nos recuerda que la voz disidente y crítica no es solo necesaria, sino esencial para preservar la esencia de lo que significa ser estadounidense.