¿Qué tienen en común una película de ciencia ficción y la realidad? Si estás pensando en el Apocalipsis, acertaste. El término "J.A.C.E." se refiere a un conjunto de conceptos que han estado moldeando silenciosamente muchos aspectos culturales y políticos de la actualidad. Pero, ¿quiénes están detrás de esto, qué significa, cuándo empezó, dónde vemos sus efectos y, lo que es más importante, por qué deberíamos preocuparnos? Este conjunto de letras, J.A.C.E., representa Justicia, Activismo, Cambio y Equidad.
Justicia: Aquí no hablamos de justicia como la entendemos comúnmente bajo la ley, sino una forma distorsionada que algunos utilizan para cohibir el pensamiento crítico. Es un concepto de justicia que busca imponer una nueva moralidad a toda costa, yendo en contra de la voz de millones de personas. Ese es el tipo de justicia que algunos grupos han estado promoviendo últimamente, la cual más bien parece ser una cortina de humo para agendas menos claras.
Activismo: El activismo es la guerra moderna, sin armas, pero igual de conflictiva. Hemos visto cómo multitudes son manipuladas con tácticas de presión social y “hashtags” para cambiar lo que una sociedad tradicional considera como normal. Camuflado bajo un manto de virtudes, el activismo en exceso se convierte en un dictador que impone sus propios dogmas y traza una línea infranqueable que no tolera el disenso.
Cambio: Es innegable que el cambio es la llave de toda evolución, pero no todo cambio es positivo. Muchas políticas o normativas que se han implementado no sólo carecen de sentido común sino que también buscan destruir estructuras sociales tradicionales. En esta carrera por el cambio, lo viejo es malo y lo nuevo es bueno, sin importar las consecuencias que estos impulsos descontrolados puedan ocasionar.
Equidad: Equidad no es lo mismo que igualdad, aunque muchas personas, quizás deliberadamente, no distinguen entre ambos términos. Mientras que la igualdad implica dar a todos las mismas oportunidades, la equidad fuerza a un resultado igualitario. En este enfoque, los méritos individuales se hacen a un lado para beneficiar a unos por encima de otros, creando así una paradoja del mérito que ni siquiera los que promueven estas ideas pueden resolver.
J.A.C.E. inició como una serie de conceptos bienintencionados, que hablaban de corregir injusticias sociales y fomentar la solidaridad entre las personas. Sin embargo, lo que empezó como una iniciativa honesta, ha sido tomado por algunos como una herramienta para avanzar agendas que muchos no quieren que se toquen. Estamos viviendo en la era de las llamadas culturas cancelables, en las que una pequeña masa vocal puede determinar las normas para callar pensamientos distintos al que ellos promueven.
En nuestras ciudades, desde Nueva York hasta Ciudad de México, el J.A.C.E. se ha vuelto el grito de guerra para todo aquel que busca realizar un cambio desde adentro, usando instituciones y medios de comunicación para reclutar a más en sus filas, no importa el costo. Debemos preguntarnos por qué estos conceptos parecen estar eclipsando una diversidad de ideas mientras convierten la sociedad en un campo de batalla entre lo “políticamente correcto” y lo que alguna vez simplificábamos como sentido común.
Por desgracia, el papel de los medios de comunicación también ha sido crucial en propagar estas ideas al engrandecer voces selectas que apoyan estos movimientos, al tiempo que silencian otras posturas. El periodismo es ahora más que un servicio social; se ha convertido en maquinaria política que presiona a políticos y ciudadanos a entrar en su círculo de creencias, ignorando cualquier disidencia.
Ya sea que estés en la oficina o en el hogar, es casi imposible no notar cómo estos conceptos han infiltrado nuestras vidas diarias. Desde el entretenimiento hasta la educación, las reglas no escritas de J.A.C.E. dictan qué se puede decir, cómo vestir, e incluso qué pensar. La creatividad está en peligro de extinción bajo tanta supervisión social.
Cualquiera que haya intentado discutir en contra de J.A.C.E. probablemente terminó etiquetado de una forma u otra. Esto nos plantea una pregunta: ¿esta censura sutil, esta presión social por estar alineado, es el futuro que realmente queremos? O mejor aún, ¿es el futuro que merecemos? Para algunos, la respuesta es simple: no. La gente merece libertad para pensar y expresar sin el miedo inherente de ser 'cancelados'.
Por lo tanto, debemos reevaluar algo crítico: ¿qué clase de justicia, activismo, cambio y equidad estamos dispuestos a aceptar? Es vital revisar estas ideologías con un ojo crítico y sin cegarse por la presión del momento. Hay un antiguo adagio que dice "quien no conoce su historia, está condenado a repetirla", y justo ahora, el J.A.C.E. parece un eco de capítulos históricos que son mejor mantenidos en el pasado.