Cuando piensas que lo viste todo, llega el Huracán Norbert en 2008 para nos demostrar que la Madre Naturaleza no pierde oportunidad de recordarnos quién manda. Este fenómeno, que acechó al noreste del Pacífico, rápidamente se convirtió en noticia al ver cómo azotaba con fuerza las costas occidentales de México. Formado en el cálido septiembre de aquel año, se mantuvo como tormenta tropical hasta el 6 de octubre, cuando tuvo su épico ascenso a huracán categoría 4. Pero, ¿qué pasó después? Norbert avanzó furioso y se aproximó peligrosamente a la punta de Baja California.
Seamos claros, un huracán no es materia para escatimar, pero el Norbert tuvo la audacia de desafiar la razón. Durante su máxima intensidad, presentó vientos de 215 km/h y dejó un rastro de caos en Baja California Sur y Sonora entre el 11 y 12 de octubre. Un desastre natural en toda regla, causó notable destrucción a su paso, dañando más de un centenar de viviendas y forzando desalojos masivos. Es casi como si Norbert se propusiera obligarnos a replantearnos toda nuestra preparación para desastres naturales.
Queda claro que cuando se trata de enfrentarnos a la fuerza indomable de la naturaleza, podemos prever, pero nunca controlar. ¿Cómo respondió el gobierno? Bueno, el Ejército Mexicanos y los equipos de rescate fueron desplegados para ayudar a los afectados y suministrar alimentos y refugio. Mientras los expertos trataban de anticipar los efectos, era inevitable que Norbert desatara su versión de la anarquía.
Por fortuna, a pesar del daño, se tomaron lecciones valiosas. El suceso de Norbert permitió ver la importancia de preparar mejor las infraestructuras y reforzar los mecanismos de alerta temprana. Nada como una buena sacudida del cielo para entender que la planificación proactiva supera cualquier ideología.
Fue interesante ver cómo los analistas climáticos catalogaron a Norbert como uno de los huracanes más impredecibles de la temporada. Y aún más interesante observar la manera en la que la naturaleza puede bloquear las ideologías más progresistas, imponiendo su propio orden natural sobre el caos humano.
Norbert fue una clara demostración de cómo las crisis tienen el poder de centralizar el esfuerzo colectivo, descartando cualquier inclinación política. Al final del día, nosotros sin importar cuán brillantes aparentemos ser, somos meros espectadores en el espectáculo de la atmósfera.