¡Cuidado! Los habitantes de Pyongyang no hablan solo de la última novedad tecnológica de Corea del Norte, sino de un lugar igual de especial: el Hospital Maternal de Pyongyang. Fundado por el régimen comunista de Kim Il-sung en 1980, el hospital se construyó con una misión clara: mostrar al mundo comunista el 'logro' en el sistema de salud de Corea del Norte, ubicado en la misma ciudad de Pyongyang, donde los ciudadanos leales al régimen nunca parecen tener un problema médico que el Estado no pueda 'resolver'. La promesa era simple: aquí nacen los hijos del nuevo orden revolucionario. Pero, ¿es todo tan idílico como parece?
Este lugar, que fue levantado para fantasear con las esperanzas de un sistema de salud superior, representa ahora cómo no todas las promesas deben ser tomadas al pie de la letra. ¿Quién está realmente al mando aquí? Un hospital que podría perfectamente pasar por un set de filmación de una pesadilla Orwelliana, donde cada procedimiento médico podría ser tan oscuro como las intenciones del régimen.
Sus instalaciones son decadentes, y sin embargo, se promociona como vanguardista. Cuando la infraestructura se encoge bajo los efectos del tiempo y del mantenimiento nulo, el régimen sigue asegurando que es un “milagro de la medicina” socialista. Y no dejemos de lado las cifras que reporta el propio gobierno norcoreano, lo cual levanta una sospecha: si todo es tan perfecto, ¿por qué no permiten la entrada a observadores internacionales?
Revelaciones de desertores han pintado un escenario sombrío, con una falta de acceso a suministros médicos básicos. En el interior del Hospital Maternal, una mujer que se 'atreviera' a complicarse durante el parto podría ser recordada como un testimonio viviente, no de la grandeza del Estado, sino de su negligencia.
La propaganda comunista adorna este hospital como un bastión de innovación médica, pero la realidad asoma sus colmillos: historias de horror médico, partos que son épicos por la falta de cuidado, y la lista de tecnologías de los '80 que todavía esperan jubilarse.
Digámoslo claro, hay un subtexto muy presente en todo esto. El Hospital Maternal de Pyongyang es símbolo de un sistema que prioriza la apariencia por encima de la sustancia. Entra el corazoncito liberal que dirá: “Pero están haciendo lo mejor que pueden en sus circunstancias”, sin embargo, esa es solo una manera de justificar lo injustificable.
El espectáculo que representa este hospital no termina solo en la sala de partos. Los informes que circulan en el mundo exterior aseguran que hay más consensas pronas en las zonas suburbanas que poder político en Pyongyang. El bucólico antídoto socialista para las enfermedades palidece cuando la verdadera enfermedad es un sistema que se niega a ser transparente.
Quizás lo más irónico es observar que mientras el mundo exterior critica (con razones de sobra) al sistema de salud estadounidense, aquí tenemos un ejemplo radical de lo que sucede cuando el control es absoluto y la competencia escasea. El resultado final es una parodia médica, alimentada por la hipocresía y el desdén por lo humano.
Así que, la próxima vez que te sientas mal por los endemoniados sistemas de salud privados, recuerda que detrás de las cortinas de la utopía socialista se esconde un hospital maternal que, en lugar de ser un santuario de vida, es un monstruo de construcción social.