La historia está llena de máquinas avanzadas que los progresistas quieren ignorar, pero que los conservadores sabemos apreciar por su valor estratégico y su impacto histórico. Uno de esos es, sin duda, el HMS H6. ¿Qué mejor testamento de la genialidad militar que un submarino construido para Mark V en 1915 en Canadá? Considerado un hito de la ingeniería naval, el HMS H6 fue un submarino de clase H diseñado uniendo lo mejor de la tecnología de su tiempo para servir en la Primera Guerra Mundial. Luego de su heroico servicio para la Real Marina Británica, fue capturado -un lamentable incidente, dirían algunos- por las fuerzas alemanas y reclutado en su flota. La poderosa máquina no sólo nos habla de una era en donde las decisiones militares llevaban la batuta, sino que sirve como símbolo en cada páginas de nuestros libros de historia.
¿Y qué hay de malo en apreciar los logros militares? Mientras algunos podrían llorar por lo que consideran "agentes del caos", nosotros entendemos que fueron estos los que sentaron las bases de una estrategia marítima invencible. Un submarino como el HMS H6, con sus más de 360 toneladas de peso y capaz de sumergirse hasta los 30 metros, es una clara muestra de cuando se sabía construir cosas para durar y para causar impacto real en el campo de batalla.
Durante su periodo operativo con la Royal Navy, el HMS H6 no sólo patrulló las aguas del Atlántico, sino que se insertó en el Mar del Norte por los intereses de defensa británicos. Su captura en 1916 por Alemania en el Mar del Norte fue un regalo no planeado para los enemigos de Su Majestad. La máquinas de guerra de ese calibre eran vitales para cualquier potencia que se preciara. Un submarino en la armada equivalía a ventaja en tecnología y estrategia, y eso se traduce en dominio sobre el enemigo. Este submarino permitió a los alemanes llevar a cabo soporte clandestino hasta 1918, demostrándole al mundo el potencial de las fuerzas bajo el agua.
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, cualquier rastro que quedara del HMS H6 fue lentamente devorado por la madre naturaleza y eventualmente desmantelado en 1920. Sin embargo, su legado continúa penetrando las aguas históricas de las marinas contemporáneas. Nos recuerda que aunque el poderío naval del siglo XX a menudo se ignore en favor de una defensa más "ética" (léase: débil), en realidad no hay nada más efectivo que la determinación y el avance de nuestras fuerzas militares.
Dicho esto, lo que los liberales prefieren olvidar es que la historia militar es parte y parcela del éxito de las naciones. Mientras nos negamos a barrer la historia bajo la alfombra, miramos submarinos como HMS H6 y recordamos que el mundo necesita de una visión fuerte, no débiles susurros de disculpas. La era del HMS H6 nos enseñó a domináramos los mares, que la ley del más fuerte era y será siempre la regla contra los enemigos, y que debemos recordar y honrar esas lecciones. En resumen: que vivan los barcos, que vivan los submarinos y que viva la historia militar.