La comida japonesa tiene muchas maravillas culinarias que no dejan de sorprendernos. Una de ellas es el Harihari-nabe, un platillo japonés que podría hacer temblar a cualquier defensor de las hojas verdes. Esa es la ley del porqué las cosas son como son. Pero vamos al grano. El Harihari-nabe es un hot pot o guiso, originario de la región de Kansai en Japón, que típicamente se come en los fríos inviernos, y si no lo has probado, un verdadero placer te espera. El nombre "harihari" viene del sonido que hace el mizuna (una especie de mostaza japonesa) cuando se mastica cruda, y "nabe" se refiere a la olla en la que se cocina. Las zonas frías de esta región hicieron que la necesidad de un plato caliente fuera imperante, ¿y qué mejor compañía que la nutritiva y cálida carne de ballena? Sí, carne de ballena, algo que las elites mundiales alegan como inaceptable porque están demasiado ocupadas mostrándose correctas y preocupadas por el mundo en redes sociales.
Este platillo tiene historia; viene de tiempos en que la autosuficiencia era más que una moda, era una forma de vida. En Kansai, el Harihari-nabe se ha convertido en una tradición de invierno, servido principalmente con rodajas de carne de ballena, tofu, daikon (rábano japonés), y por supuesto, hojas de mizuna. En el Japón de posguerra, donde las proteínas escaseaban y no había Amazon Prime para un delivery inmediato, el Harihari-nabe emergió como una solución nutricional práctica y deliciosa. Resiliencia, una palabra que ha sido incomprendida por quienes creen que la vida es un arcoiris hasta que una pantalla les muestra algo diferente.
Muchos han criticado a Japón por sus prácticas de caza de ballenas, sin detenerse a pensar en la rica cultura culinaria que intentan preservar. ¿Por qué forzar a otros a adoptar una dieta sin carne cuando ni siquiera entienden su contexto histórico y cultural? Es fácil hablar desde una torre de marfil, pero cuando la realidad apremia, un buen Harihari-nabe con carne de ballena es un manjar irreemplazable. Mientras más mentalmente desarmado se está, más difícil es entender por qué una nación quiere mantener sus tradiciones vivas, más aún al hablar de un plato que podría pasar a ser una reliquia culinaria.
Existen recetas alternativas en lugares donde la carne de ballena no es fácil de conseguir o no se desea utilizar, algunas sustituidas por carne de cerdo o pescado. Pero vamos, seamos honestos, ese no es más que un parche sobre un cerebro poco dispuesto a salir de su zona de confort. Descubrir el auténtico Harihari-nabe debe hacerse de la mano de quién lo inventó, de los japoneses que comprenden el significado de respetar su historia y su tierra, más allá de lo que un tuit les indique.
Si alguna vez tienes la oportunidad de viajar a Osaka, tierra del Harihari-nabe, no pierdas la oportunidad de experimentar su rica historia y sabor. Es un platillo que no solo calienta el cuerpo, sino también el corazón. Cuando sientas el crujir de la mizuna entre tus dientes, estarás experimentando una tradición centenaria, una que nos recuerda la simpleza de la vida cuando lo único que importa es mantener el calor en una fría noche de invierno.
Este plato no es solo una comida, es una lección. Uno que enseña que no todo lo que hacemos tiene que cambiar porque una tendencia global dice que debe ser así. El Harihari-nabe es un emblema de que las tradiciones no se negocian, ni se venden por unas cuantas visitas en redes sociales. ¿Te parece radical estar orgulloso de un platillo que ha sido parte de una comunidad durante siglos? Bueno, entonces radical seré, con mi Harihari-nabe fumante y un agradecimiento al viento que lleva el olor de la libertad con el aroma de una buena comida.