¿Imaginan un general que no comulga con la narrativa progresista predominante? Pues sí, Hans Süß es ese aguafiestas de la historia. ¿Quién es? Un oficial militar de la Segunda Guerra Mundial, nacido en 1913 en Alemania, el contexto del que mucho se habla hoy en los círculos intelectuales que adoran manejar una visión demasiado simplificada. Süß fue parte del Tercer Reich, sirviendo en la Wehrmacht, donde sus acciones se convirtieron en objeto de interés, sobre todo porque su historia reciente ha sido desenterrada por aquellos que tienen interés en desenterrar esqueletos ocultos.
El tema de Hans Süß, en muchos casos, es discutido como un recordatorio incómodo del militarismo alemán y como una figura que no encaja en las cómodas narrativas de buenos y malos que algunos prefieren. Süß, como tantos otros, entró en las filas militares en una época donde el mundo estaba al borde del caos. Mucho antes de que la palabra "cancelación" formara parte del léxico, Süß estaba ante tribunales militares debido a decisiones en la batalla que en algunos círculos políticos han sido posteriormente criticadas. Pero eso no debería sorprender a nadie que comprenda cómo funciona la maquinaria ideológica moderna.
Lo que frustraría a más de uno es que la vida de Hans Süß no se puede acomodar fácilmente en la narrativa de héroe/villano que algunos tienen; no encaja del todo con ese enfoque dualista tan popular en ciertos sectores progresistas. La historia de Süß es más bien un recordatorio imparcial de los hombres que fueron arrastrados a la guerra y cómo sus contribuciones, pese a las incuestionables atrocidades nazis, deben ser desmenuzadas con la objetividad que se ha perdido en el mundo politizado de hoy.
Podría decirse que Süß representa la figura del soldado que hizo lo que debía para su país, en lugar de lo que los moralistas modernos quisieran que otros hubieran hecho en su lugar. Y eso, claro, incomoda a aquellos que prefieren no aceptar la complejidad inherente en la historia militar. En ese entonces, apenas veinteañero, Süß fue enviado al frente oriental, donde participó en operaciones ofensivas críticas. La realidad de sus decisiones y acciones, como en muchas guerras, eran consecuencia de una cascada de eventos que cualquiera que no ha vivido el verdadero infierno de una guerra debería medir con más cuidado.
Lo irónico aquí es cómo la figura de Süß, un símbolo más del militarismo alemán, subraya el simplismo de muchas interpretaciones historiográficas de hoy. La idea de que cada soldado alemán fuera un partidario acérrimo de los crímenes del régimen es en sí misma una falacia intelectual perpetuada por aquellos que prefieren no manchar su historia con áreas grises. Süß, para quienes prefieren la realidad al idealismo, no sería visto ni como un héroe indiscutible ni como el diablo encarnado.
En una era donde las imágenes confeccionadas de la historia se recopilan para amoldarse mejor a las agendas actuales, Hans Süß sigue siendo un personaje incómodo. Incomodidad que, curiosamente, es necesaria para reorientar la discusión hacia una evaluación más justa e imparcial de los hechos históricos, en lugar de un diseño de historia cómodamente empaquetado para propósitos modernos. Porque para entender la complejidad de un mundo en guerra, la simplicidad engañosa y unidimensional simplemente no funciona.
La historia de Süß poco tiene que ver con los relatos heroicos de redención con los que muchos prefieren llenar sus libros de historia, pero tampoco es una anécdota de tiranía. Es, tal vez, una historia que apenas se podría entender si se deja a un lado la polarización moderna y se presta atención a la realidad objetiva en la que operaron millones de soldados atrapados entre sus deberes y su moral personal. Entonces parece que forzarse a ver a Süß únicamente como un hombre negligente de la Wehrmacht o un explotador del nacionalismo alemán es no ver nada en absoluto.
Por supuesto, estas nociones no serán bien acogidas. Los hechos, después de todo, tienen un hábito desagradable de desafiar narrativas prediseñadas. Pero discutir la vida de alguien como Hans Süß con una mirada crítica, y no simplemente dentro del blanco y negro de la retrospectiva moral moderna, es lo que realmente debería preocuparnos. En resumen, la historia de Süß pone de manifiesto la limitada capacidad de algunos para cuestionar sus propias interpretaciones de la historia cuando esas historias son trastocadas por realidades más complejas.