Hamadoun Touré, un nombre que evoca conexiones—y también contradicciones—es una figura esencial para aquellos que piensen que la tecnología puede ser algo más que memes y notificaciones. ¿Quién es este hombre que, en una oficina con aire acondicionado en la UIT, definió buena parte del mundo digital en el que ahora renegamos de nuestra privacidad? Nacido en 1953 en Malí, Touré es el antiguo secretario general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, prestando sus servicios desde 2007 hasta 2014. ¿Qué significa esto? Bueno, imagina tener la llave del Internet global y la habilidad de influir en cómo usamos nuestras pantallitas diarias. Será que hay un giro en la historia del internet y él es el narrador principal.
En un mundo que parece más interesado en censurar que en conectar, Touré ha sido visto por muchos como un pionero de las telecomunicaciones, digna de alabanzas en púlpitos internacionales. Sin embargo, si uno escudriña un poco más allá del manto brillante, hay preguntas que deben hacerse. Touré dedicó gran parte de su carrera en la UIT a promover su propia agenda, que decía estar centrada en aumentar el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación en países en desarrollo. Pero detengámonos un momento; este cuento tiene más de una cara.
Su relación con gobiernos que podríamos calificar de, digamos, poco amigables con la libertad de expresión, plantea serios dilemas. ¿Fue acaso Touré quien protegió a estas naciones o simplemente cerró uno de sus ojos diplomáticos a las prácticas de censura? No olvidemos que a menudo parece que el acceso a internet promovido significa un internet guiado y controlado. Turbinas de realpolitik en marcha, yendo donde el viento de los intereses de estado sopla. Algunos se preguntarían si las políticas del "acceso para todos" no son más que un velo para que los estados controlen la información en sus territorios de manera más efectiva.
Dicho esto, es difícil negar el papel fundamental que jugó en la telecomunicación global. Durante su mandato, fue un defensor clave de las normas que llevaron a la expansión de tecnologías móviles. Pero, ¿a qué coste? Desde una perspectiva crítica, se podría decir que Hamadoun Touré sirvió como el habilitador óptimo de un entorno mundial donde gigantes tecnológicos americanos y chinos ahora lideran férreamente. Mientras Touré empujaba por mejorar la infraestructura de telecomunicaciones, parecía olvidar incluir cláusulas para libertad digital. Los peligros de una red de información que puede ser cortada donde y cuando lo desee un régimen—o una gran empresa, eso sí—deberían preocuparnos a todos.
Hay quien dirá que esas acciones ayudaron a varias economías en desarrollo a salir del subdesarrollo tecnológico. Pero, en el mismo tono claramente subversivo, podría decirse que también facilitó la explotación de estos mismos mercados por parte de grandes empresas de tecnología, ávidas de expandir su crecimiento bajo la cobertura de "acceso universal". Nos encontramos con un balance precario entre progreso y sometimiento, uno en el que Touré caminó con la gracia de un equilibrista.
Por supuesto, está el tema del poder. Touré lideró la UIT en tiempos en que la regulación de internet estaba en auge. Desempeñó un papel en debates internacionales sobre gobernanza de internet que muchos consideran intrusivo. Pregúntale a cualquier asistente a esas importantes conferencias que definieron nuestra corta —pero clicada— historia digital. Algunos comentan con nostalgia distópica que lo que ahora tenemos como resultado son más preguntas que respuestas. Un gran dilema para los defensores de la libertad: estar online es glorioso, pero significa aceptar que siempre serás supervisado.
Hacia el final de su mandato, Touré promovió la inclusión digital de mujeres y jóvenes, mezclando tecnocracia con retórica social. Lo que parecería ser una movida políticamente correcta para unos, y algo de pura cosmética política para otros, la realidad es que su foco siempre pareció ser mantener un férreo control estructural sobre el desarrollo de las telecomunicaciones.
Touré, con un curriculum que algunos llamarían impresionante, aún deja varios cabos sueltos tras de sí. Las tensiones que dejó entre los estados miembros—que ahora compiten por mantener sus propias agendas en la mesa internacional—son posiblemente más grandes que nunca. De un lado, pretende favorecer el bien común al conectar el planeta. Por otro, el cuestionamiento de sus acciones es una sombra larga para las futuras generaciones que buscan una entrega genuina.
Sin duda, Hamadoun Touré es un hombre de conquistas imposibles y conexiones complejas. Como el truco de magia que maravilla mientras oculta sus secretos. En este juego de ajedrez digital, nadie cuestiona que manejó bien sus piezas; sin embargo, es el cómo y el por qué lo hizo lo que levanta cejas—y tal vez puños—en algunas de las mencionadas conferencias mundiales. Como se suele decir, quien controla la llave, controla el castillo; y este hombre, en su particular estilo, abrió las puertas dejando espacio para muchas preguntas. Bueno, ¿quién decía que los caminos de la tecnología eran apacibles?