Si eres de los que cree que todo tiempo pasado fue mejor, seguramente ya habrás apreciado la película "Gloria" de 1977, una joya cinematográfica que fue dirigida por nuestro propio John Cassavetes, quien no se anda con delicadezas ni 'corrección política'. Ubicada principalmente en las agitadas calles de Nueva York, esta obra nos cuenta la historia de Gloria Swenson, interpretada magistralmente por Gena Rowlands, una mujer ruda y decidida que enfrenta a la mafia para proteger a un niño pequeño cuya familia ha sido exterminada. En un mundo que hoy se esfuerza en suavizar las aristas y llenar de filtros las historias, "Gloria" es un recordatorio de que el cine puede ser directo, sin medias tintas, y aún así triunfar.
Cassavetes no escatimó en la crudeza de su relato. Gloria, una mujer común pero con un corazón de acero, se enfrenta a poderosos criminales a tiros mientras navega el caos de una ciudad inflexible. La trama, emocionante de principio a fin, hace eco de la década de los setenta, una era libre de lo políticamente correcto y saturada de narrativa auténtica. ¿Y qué decimos de la actuación de Gena Rowlands? Simplemente brillante. Su Gloria es fuerte, pero no es la superheroína de cartón que nos intentan vender hoy. Es humana, falible, y no está sostenida por una agenda oculta que sugiere que la victimización es algo a celebrar.
La crítica social de "Gloria" habita entre las calles donde se desarrolla la acción. A diferencia de los films contemporáneos, que muchos dirán que están llenos de moralinas y discursos ensayados, Cassavetes nos entrega una historia pura. Si bien aborda temas serios -como el crimen organizado y la lucha por sobrevivir en un entorno hostil-, no lo hace con el martillo de las ideologías pesimistas. Cada vez que disparamos el botón de play, somos transportados a un tiempo donde el cine contado de manera directa y sin excusas era la norma.
Hay que reconocer que los años setenta fueron una época dorada para la creatividad en el séptimo arte. Directores como Cassavetes estaban dispuestos a contar historias desde su propia perspectiva, ajenas a las presiones de comités de sensibilidad cultural. Esa valentía y claridad de visión es algo que tristemente se echa de menos en buena parte del entretenimiento mainstream actual. Gloria no solo protege al niño, sino a la propia esencia de su manera de ver el mundo, una en la cual el bien y el mal están claramente delimitados, donde no hay grises al momento de actuar.
Hay quienes hoy podrían querer rehacer "Gloria" en una versión 2023, probablemente más diluida y ajustada para no 'ofender'. Sin embargo, esa sería una caricatura de lo que en su auténtica forma representa la cinta original. Gloria Swenson no precisa de discursos floridos ni de basarse en arquetipos prefabricados. Y esa es tal vez una de las razones por las que la película aún resuena en quienes admiramos el cine de calidad. América y sus cineastas han cambiado, pero ¿quién podría negar que la fortaleza clásica sigue siendo atractiva? Cassavetes logró capturar eso como pocos directores.
El entorno de Nueva York de los años setenta en esta película no es solo un escenario; es casi un personaje adicional. Desde las sombras que se extienden como voraces depredadoras hasta las luces titilantes que dibujan las historias urbanas, todo añade a la densidad y el carácter de la película. Si las paredes pudieran hablar, seguramente nos contarían otras historias de heroísmo y desencanto que el cine de entonces, como "Gloria", recogió sutilmente. Rowlands, como Swenson, se convierte en la mano firme y protectora en un mundo de sombras, y por ello le debemos mucho.
En definitiva, "Gloria" no es solo digna de ser recordada; merece ser reestudiada para entender qué hizo que pelis de su tiempo fueran tan cautivantes. A diferencia de algunas ficciones desarrolladas hoy día, que parecen más enfocadas en alimentar cierta visión del mundo, ésta simplemente muestra una narrativa sólida, poderosa y con personajes tridimensionales. Quienes entienden lo crucial que es mantener una línea narrativa sin ornamentación superflua, continuarán apreciando "Gloria" por su audaz claridad. Y sí, probablemente en algunos círculos esta opinión no será popular, pero a veces sostener un paradigma no fundado en una bruma ideológica requiere más que nunca, como Gloria Swenson, estar dispuesto a desafiar al infractor de turno.