¿Quién podría imaginar que un clérigo medieval aún tuviera tanto que decir en pleno siglo XXI? Eso es exactamente lo que Giles de Roma, también conocido como Egidio Romano, logra hacer. Este pensador del siglo XIII tuvo una gran influencia no solo en la filosofía escolástica sino también en la política de su tiempo y, aunque a algunos no les guste, sus ideas siguen resonando en la actualidad. Nació en Roma alrededor de 1243 y fue discípulo de Tomás de Aquino. Llegó a ser Prior General de los Agustinos y Arzobispo de Bourges, convirtiéndose en una figura clave de la Edad Media. Giles escribe sobre metafísica, ética y política, pero también sobre el papel de la Iglesia y el Estado, un tema que hoy podría resultar incómodo para algunos, especialmente para aquellos que consideran que la moralidad es un tema flexible.
Un Inmolesto Inspirador: Giles de Roma era un tipo al que no le tembló la mano al hablar de verdades difíciles. No se ajustó a la corrección política de su época y escribía cosas que seguramente habrían sido complicadas de digerir para los más sensibles de hoy. Fue un defensor audaz de la autoridad de la Iglesia, y aunque no lo crean, alguien todavía tiene que desafiar a los poderosos con un poco de moralidad estricta y valores inamovibles.
Más Político de lo que Te Imaginas: Giles no solo sabía de teología. Era un hombre preocupado por el buen gobierno, y su tratado "De Regimine Principum" es una prueba de ello. No hay lugar para malos gobernantes en su obra, y menos para esos que creen que la justicia es solo una palabra en el diccionario. Creía en reyes justos guiados por la virtud y no por pasiones. Hoy algunos gobernantes podrían aprender algo de la claridad de Giles sobre el papel del liderazgo virtuosamente responsable.
La Filosofía de la Realidad: La metafísica de Giles buscaba entender la realidad y el lugar del ser humano en ella, algo que desafortunadamente sigue siendo un enigma para muchos de hoy. En lugar de aceptar verdades relativas, promovía una clara y rígida comprensión del ser y la verdad; un esfuerzo por mantener la cordura en un mundo que se niega a reconocer que los límites importan.
Educador de su Tiempo y del Nuestro: Giles entendió que la educación era la clave para mantener una sociedad ordenada. No en vano, escribió extensos tratados sobre el aprendizaje y su importancia. Respetar a la autoridad y entender la tradición era la base. Tal vez, si más lo aplicaran actualmente, veríamos menos ideologías basadas en caprichos personales.
Conservador Acérrimo de la Moral: En un mundo que cambia a un ritmo frenético, la voz de Giles es una llamada al regreso hacia las bases de la moral cristiana. Proponía una ética centrada en la virtud acompañada de una fe inquebrantable. Tal vez menos "modernidad" no le vendría mal al mundo.
No Necesitamos Descartar la Historia: Liberales modernos nos dicen que el pasado queda muy atrás para influir en el presente, pero figuras como Giles de Roma nos recuerdan por qué es importante conocer nuestra historia y aprender de aquellos que, como él, ayudaron a sentar las bases de la cultura occidental.
La Iglesia y el Estado, Un Camino Equilibrado: La relación entre Iglesia y Estado era una de sus principales preocupaciones. Creía que ambos tienen roles cruciales pero distintos. En tiempos en los que la separación es absoluta y no siempre para bien, la visión de Giles ofrece un ángulo diferente que muchos no estarían dispuestos a aceptar, pero que sin duda obligaría a repensar las bases de nuestra organización social.
Crítico de la Hipocresía: Sin temor a las consecuencias, Giles no dudaba en criticar a quienes consideraba hipócritas. En épocas de discursos vacíos y de la proliferación de "fake news", una visión menos complaciente como la suya evitaría muchas series de verdades incómodas.
Aspecto Económico: Puede que no esté al nivel de Adam Smith, pero Giles también dejó algunas ideas sobre economía política. En un mundo donde la desigualdad económica sigue creciendo, sus escritos sugieren un orden en el que el bien común predomine sobre la avaricia. Algo que, con todo y sus detractores, daría de qué hablar.
El Poder de las Ideologías Firmes: Giles era un hombre de ideas firmes y no se amedrentaba. Creía en valores duraderos. En tiempos de incertidumbres morales y éticas, mirar atrás a pensadores como Giles, que proponían certezas, no es solo una opción sino un deber. Henriquezcamos la conversación con las piedras angulares de nuestros antepasados, sin miedo a que provoquen cierto disgusto en época de lo políticamente correcto.