¿Quién hubiera pensado que una novela gráfica juvenil podría irritar tanto a los progresistas y, de paso, educar sobre cuestiones de valentía personal y responsabilidad? Durante una noche serena, en una casa cualquiera, el joven Garth se encuentra atrapado en Ghostopolis, una ciudad del más allá donde los muertos viven sus segundas vidas. Escrita e ilustrada por Doug TenNapel, un autor que sabe cómo sacudir al sistema, "Ghostopolis" es una obra que seguramente ha dado mucho que hablar desde su publicación en el 2009. Estamos en un mundo que prefiere ignorar las lecciones de responsabilidad personal y valentía que tanto necesitamos hoy. Este cómic se desarrolla en un escenario que desafía el buenismo progresista actual.
Empecemos con lo obvio: la trama gira en torno a Garth Hale, un chico al que accidentalmente envían al mundo de los muertos. Pero, a diferencia de esas historias débiles donde las víctimas esperan que otros las rescaten, este chico se las arregla por sí solo. Aquí, se nos recuerda la importancia de tomar el control de la propia vida, en vez de llorar como un crío pidiendo ayuda. ¡Tómatelo! La cultura actual rara vez alienta a los jóvenes a hacerse cargo por sí mismos. Ghostopolis muestra cómo enfrentar la adversidad, no cómo quejarse de ella.
Los personajes de Ghostopolis son únicos en un sentido notable. Frank Gallows, el cazador de fantasmas, es un hombre con un pasado turbio. Pero, ¿quién dijo que debíamos santificar a nuestros protagonistas? A él se le permite redimir sus errores, un concepto completamente extraño para aquellos que dejan que una metedura de pata defina toda una vida. ¡Este es el mundo real, progresistas! ¡Las segundas oportunidades existen! Frank, al igual que Garth, nos enseña que puedes verte en problemas y, sin embargo, salir airosamente si haces lo correcto.
Luego está Claire Voyant, un nombre que suena a chiste, y que es una vez más una lección disfrazada. Claire gobierna con puño de hierro en Ghostopolis, y su rol es una alegoría de los líderes pragmáticos que son denostados en nuestra sociedad orientada al consenso. Claire no busca consenso, sino orden y seguridad. Y aquí tenemos otro punto que chirría a los más sensibles: a veces, hacer lo correcto requiere ser impopular.
La trama espeluznante está salpicada de comedia, ilustraciones llamativas y situaciones que son aptas para todos los que aún creen en las decisiones moralmente férreas. En lugar de un mundo post-moderno de relativismo moral, Ghostopolis pinta un escenario claro donde hay decisiones correctas e incorrectas, lo que desafía directamente ese aire de "todo vale". En un giro brillante, este cómic ilustra la importancia de enfrentarse a los problemas individualmente, una lección que al parecer se ha perdido en el mundo contemporáneo.
Este cómic asusta a algunos precisamente porque no se disculpa. No hay espacio para mentalidades débiles, agendas ocultas o ese patético intento de señalar con el dedo a la masculinidad fuerte. En su lugar, tenemos personajes que se enfrentan a desafíos con la cabeza en alto. Y, francamente, eso incomoda a muchos. Pero, ¿no es así cómo deberíamos comportarnos todos? Ghostopolis, con humor e imaginación, reta a los lectores a cuestionarse si están dispuestos a afrontar sus problemas o si prefieren sentarse y quejarse de ellos.
La vida en Ghostopolis, aunque sobrenatural, está llena de enseñanzas terrenales. Este cómic es un recordatorio de las ideas simples que han sostenido sociedades enteras durante generaciones: trabajo duro, asunción de responsabilidades, y la poderosa capacidad de redención. ¿Es eso tan difícil de entender? Hoy en día, estas son lecciones que a menudo se consideran obsoletas, pero lo cierto es que el tiempo y este cómic nos demuestran su eterna relevancia.
Es probable que un cómic creado hace más de una década todavía tenga resonancia hoy en día por su contenido subversivo en medio de tanta corrección política. Sin embargo, en la gran tradición de las novelas gráficas, las lecciones que ofrece Ghostopolis trascienden a las modas y tendencias del momento. La aventura de Garth Hale no es solo un viaje al otro lado, sino una lección para la vida misma. Y mientras algunos se sientan ofendidos al leerlo, será solo porque, en esencia, Ghostopolis muestra una verdad que muchos prefieren no reconocer.