¿Quién dijo que la política es aburrida? Observemos el fenómeno llamado George Bush, el comandante en jefe que cambió las reglas del juego mundial. George Walker Bush, el cuadragésimo tercer presidente de los Estados Unidos, nació para desafiar las expectativas liberales y lo hizo a lo grande. Gobernó desde el 20 de enero de 2001 hasta el 20 de enero de 2009, y durante esos años, nadie pudo permanecer indiferente a su legado.
Este tejano, hijo de un ex presidente, llegó a la Casa Blanca prometiendo claridad y determinación, especialmente después de los años de tambaleantes políticas de sus predecesores demócratas. Con el 11 de septiembre de 2001 como punto de inflexión, Bush lanzó una ofensiva contra el terrorismo que muchos recordarán más por sus resultados que por sus intenciones. Cuando el mundo se tambaleaba, él no vaciló.
Recordemos, por ejemplo, la creación del Departamento de Seguridad Nacional. Mientras algunos gritaban innecesario, él supo que la seguridad del estadounidense medio no debía ponerse en juego. Era eso o permitir que el miedo destrozara la libertad. Y, ¿quién puede ignorar la Enciclopedia de Política Exterior de Bush? Irak, mi amigo. Liberó al mundo de un dictador brutal en nombre de la libertad, y nos guste o no, aquellos días de dictaduras árabes languidecían frente a César.
Muchos prefieren centrarse en las críticas, pero lo que la historia destacará es a un presidente que no se cayaba frente a desafíos mundiales. Su apoyo a la doctrina de la libertad, su firmeza en defensa y su compromiso con la seguridad son recordatorios de lo que representa un liderazgo decidido.
Hablemos de economía, porque no todo es guerra. Bush enfrentó una recesión, y aunque la burbuja hipotecaria nos explotó en el rostro más adelante, hay que reconocer su intento de estabilizar la economía con recortes fiscales. Ofreció un respiro a la clase trabajadora y fomentó el crecimiento económico en tiempos inciertos. Porque, en efecto, ¿quién no quiere que le quiten algo de carga impositiva?
Y no nos olvidemos de su enfoque en la educación y la salud. Con la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás, Bush mostró que la educación es la clave del futuro. Sí, fue una reforma criticada, pero también pionera en advertir la necesidad de elevar los estándares. En cuanto a Medicare, amplió los beneficios, mostrando que en su periplo conservador también había lugar para entender el bienestar de los mayores.
Muchos prefieren arremeter sin recordar que él abordó los desastres naturales, como el Huracán Katrina, con respuestas que si bien tardaron, se encausaron para cumplir sus promesas. Esta administración, aunque criticada, fue una historia de lecciones aprendidas y esfuerzos por dar respuestas cuando nadie más lo hacía.
Es fácil desestimar a un hombre como George Bush y olvidarse del contexto de su tiempo. Sin embargo, como testigo de innumerables desafíos, él se dejó guiar por sus principios. Sus críticas son parte de la democracia, pero sus decisiones ayudaron a esculpir el siglo XXI.
Para aquellos que ven la política desde una mirilla estrecha, Bush representa el antítesis al acomodamiento. Dirigió su conservadurismo desde la raíz de los valores americanos, dejando detrás un legado tanto discutido como determinado. Un estadista cuyo nombre se grabará en el bloque inmutable de la historia.