¿Quién hubiera pensado que un médico podría agitar tanto las aguas de la política? Gaétan Barrette lo ha logrado y con creces. Médico de profesión, Barrette dejó una impronta imborrable en la política de Quebec cuando sirvió como Ministro de Salud entre 2014 y 2018 en el gobierno de Philippe Couillard. Durante su mandato se llevó a cabo una de las reformas de salud más radicales que Canadá haya visto, redibujando el mapa de la atención médica en Quebec.
Barrette, oriundo de L`Île Bizard, en el oeste de Montreal, no solo cambia los nombramientos médicos, sino que cambia el juego político con su forma audaz de hablar. Muchos estiman que no tiene 'pelos en la lengua', y como conservador, sabe exactamente cuál es su lugar en el tablero político. No sufre de indecisiones: cuando las reformas eran necesarias, él actuaba sin dudar, desafiando las viejas estructuras y cargando de críticas a sindicatos y organizaciones que preferían el status quo.
Ah, los sindicatos, esos que temen perder su poder político. Tal es el caso de muchas organizaciones laborales de salud que vieron en Barrette un enemigo visceral. Y es que Gaétan, con su enfoque reformador, rompió con el dogma tradicional de intocabilidad sindical. Para muchos, sus acciones fueron vistas como necesarias sacudidas al reacio sistema burocrático que necesitaba una buena poda para florecer.
Ciertamente, como lo critican algunos, su gestión no fue 'suave'. Las consolidaciones de hospitales y clínicas pusieron al sistema sanitario en una posición donde la eficiencia buscada no tenía lugar para demoras. Los cambios significaron alineaciones nuevas de prácticas, y aunque los críticos vociferaron en contra de las ''sobrecargas de trabajo'', Barrette sabía que los resultados a largo plazo eran más importantes que las quejas inmediatas.
Libros y comentarios escriben que la reforma buscaba reducir costos y agilizar procesos, y vaya que lo hizo. Los liberales, siempre preocupados por 'la equidad por sobre la eficiencia', no imaginaban que su propio ministro retara la norma establecida tan radicalmente. Y a pesar de su sombra política de conservador, Gaétan Barrette, miembro del partido liberal, se mantuvo firme en su visión de lo que era necesario para reformar el sistema de salud.
Cada decisión que Barrette tomó tuvo su lógica fiscal detrás. La reducción en las listas de espera y el mejoramiento de los tiempos de atención son buenos ejemplos de su enfoque estratégico. Aunque los críticos gritaban sobre el recorte de derechos, lo cierto es que las cosas empezaban a funcionar mejor, más rápido y con menos gastos innecesarios.
Su salida del gabinete de salud no sirvió para que se diluyera su impacto. Al contrario, la reforma sigue siendo parte intrínseca del sistema actual, y los nuevos ministros aún miden sus propios logros contra las marcas que Barrette dejó. Este papel pionero es difícil de borrar y representa cómo un político con una visión clara puede redibujar un sector tan vital como el de la salud.
¿Por qué molestarse en cooperar con lo establecido cuando puedes ser el cambio? Gaétan Barrette no es un político de escritorio que solo lee informes sin actuar. Tomando decisiones difíciles, sin miedo a cruzar fronteras ni desafiar normas institucionales, mostró que las palabras sin acciones no llevan a ningún lugar, dejando una esterilla roja para aquellos valientes que deseen unirse a su misión. Con su enfoque temerario, él no simplemente trató de dejar una marca; transformó la política de salud de una provincia entera.
Gaétan Barrette sigue siendo punto de referencia y discusión en los círculos políticos, demostrando que a veces, para asustar al dinosaurio hay que hacer un poco de ruido. Aunque algunos puedan criticarlo hasta el cansancio por sus métodos, no se puede negar el evidente impacto que ha tenido en la salud de Quebec. Tal vez estos pasos firmes y audaces son precisamente lo que la política canadiense necesita, y lo que más de un político debería imitar.