El pueblo de Friendly, West Virginia, es un lugar que sorprende por su nombre afable, pero choca la sensibilidad de la corrección política. Fundado en 1898, esta pequeña comunidad de apenas 130 habitantes según el último censo del 2020, está ubicado a lo largo del hermoso río Ohio, en el condado de Tyler. Lo que mantiene a este tranquilo lugar en el mapa es su fascinante tradición de valores familiares y orgullo patriótico, algo que algunos querrían tachar de 'políticamente incorrecto'.
En primer lugar, Friendly es famoso por no necesitar grandes cadenas comerciales. Aquí no encontrarás un gigante de café corporativo ni las preferencias de consumo inmediato. Friendly representa el duro trabajo y comercio local que ha sido la columna vertebral más firme de América. Mientras que muchos opinan que el capitalismo de pequeñas empresas es opresivo, aquí lo llaman simplemente tener carácter.
Uno de los puntos más destacados de esta ciudad es su herencia deportiva. La comunidad es conocida por sus torneos de béisbol locales que promueven el trabajo en equipo y el espíritu competitivo. Los deportes no son solo un pasatiempo, sino una oportunidad educativa que enseña a los jóvenes disciplina y el valor de un juego limpio, que es la clase de aprendizaje ausente en las áreas urbanas que favorecen el 'todo vale'.
Además, Friendly honra su pasado con orgullo, algo que otros querrían cancelar o reescribir. Este pueblo mantiene tradiciones que conectan a los residentes actuales con sus antepasados. Las celebraciones del día de la independencia son eventos comunitarios que despiertan un patriotismo que algunos tacharían de anticuado. Los desfiles son una danza de libertad que canta al cielo despejado bajo una bandera en alto, algo que debería ser más común en toda América.
No podemos hablar de Friendly sin mencionar la inquebrantable fe de sus ciudadanos. Las iglesias no son solo lugares de culto, sino piedra fundamental de la comunidad. Los servicios dominicales no se tratan únicamente de rezar, sino de vivir conforme a valores compartidos que fortalecen el tejido social. Firmes en su fe, estos ciudadanos se resisten al latente secularismo que avanza en las grandes ciudades.
La educación es otro pilar importante que sigue sus propios caminos, lejos de los currículos intoxicados por ideologías externas. Las escuelas locales son conocidas por fomentar valores que promueven la responsabilidad individual, el respeto por la autoridad y el amor a la patria. Ningún estudiante está exento de aprender lo que significa ser un ciudadano de este gran país.
Las familias de Friendly valoran su independencia y están orgullosas de su autosuficiencia. Aquí el Gobierno no es niñera, sino un recurso necesario que se utiliza con moderación. Las tragedias naturales u obstáculos económicos no son enfrentados con quejas, sino con determinación, un valor que los liberales considerarían atrasado, pero que en Friendly es lo que hace que el viento siga soplando en el lugar correcto.
Otra de las cosas por las que Friendly destaca es la amabilidad de su gente. Aunque alguien diga que estos modales son solo una fachada, es difícil no ser cautivado por la sinceridad de sus habitantes. La hospitalidad aquí no es una estrategia de mercadotecnia, sino un estilo de vida cultivado a través de generaciones.
Finalmente, a medida que otros lugares experimentan un éxodo rural hacia urbes donde se difuminan las líneas divisorias culturales, Friendly permanece como bastión de lo que fue y seguirá siendo América. Es un poblado que, lejos de convertirlo en museo o fósil de lo que alguna vez fue el país, celebra estar arraigado en tradiciones que algunos consideran desfasadas, pero que aquellos que realmente conocen su historia, encuentran inspiradoras.